MANUEL ALCÁNTARA LÍNEA ABIERTA
10 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Además de emperador es pontífice, ya que el objetivo de su visita es tender puentes con eso que llamamos Iberoamérica o Latinoamérica, porque nos da vergüenza llamarle Hispanoamérica. George W. Bush va a estar veinticuatro horas con nosotros, lo que sin duda le permitirá decir hola y adiós. Es su primer viaje oficial a Europa y le han hecho un programa que sólo le consentirá un día de estancia en cada país. Si es martes, esto es España, dirá. El miércoles tendrá que partir con destino a Bruselas, después se irá para Polonia y, posteriormente, en Eslovenia tendrá su primer contacto con el presidente ruso, Vladimir Putin, para hablar del escudo antimisiles. Diplomacia de alta velocidad. Para ganar tiempo no hay que perder ni un minuto. Los que hablan de la soledad del mando deben rectificar urgentemente el difundido tópico. Bush trae un séquito de 500 personas, entre ellas 200 agentes del FBI y la CIA. «No es bueno que el hombre esté solo», según la Biblia, y menos si es presidente de los Estados Unidos. Se lo podría cargar algún ecologista recalcitrante por su negativa a firmar el protocolo de Kioto, o algún pirado de esos que sueñan con pasar a la historia cometiendo un magnicidio. De ahí que su guardia pretoriana será tan numerosa. Lo malo es que con tantos escoltas rodeándole no va a poder contemplar el paisaje, sino los cogotes de sus guardaespaldas.