CÉSAR CASAL GONZÁLEZ DE SOL A SOL
26 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Para Penélope Cruz, la meca del cine es una gran cama redonda. Lo mismo le pasó a Antonio Banderas. Aterrizó para triunfar y aprovechó la primera pista que encontró para tomar tierra: el cuerpo de la hija del mito Tippi Hedren. Conoció a Melanie (nada que ver con la de Lo que el viento se llevó) en el rodaje de la fallida película de Trueba en Miami y a por ella. Pasó por encima de los recuerdos de Tonto Jonhson y bodorrio hacia el estrellato. Ahora sucede lo mismo en versión femenina. Coge el vuelo hacia la fama Penélope Cruz y la chica no se prepara en clases de interpretación. No, directa al cumpleaños del Tonto En Crisis. Allí aprieta bien sus pechos jamón, jamón y a por el chico que ha perdido la coartada bisexual de Nicole. Los españoles no triunfamos en Hollywood por películas memorables, por actuaciones soberanas. Triunfamos por nuestro rendimiento sobre la cama. Es triste. Triunfamos por latinos apetecibles, lejos, terriblemente lejos de talentos como Robert Dinero o Al Pacino. Penélope Cruz y Antonio Banderas nunca se pondrían la braga-faja de Bridget Jones. Lo de ellos es la lencería fina. Su estrategia es la de pendones en la gran cama redonda del cine.