DYLAN

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA DE SOL A SOL

10 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Bob Dylan, al que tantos llamamos respetuosamente El Abuelo, dispara de nuevo. Ahora sus balas salen de un disco que se llama Love and thief (Amor y robo), una sutil reconsideración sobre su obra que, paradójicamente, en vez de resumirla, la renueva y la agranda. Algo propio de este poeta gigantesco, que sólo ocasionalmente se ha dejado sobornar por sí mismo, para que nada humano le fuese ajeno. En algunas de las imágenes más actuales, Bob Dylan tiene ya la pinta equívoca del viejo Pat Garrett, aquel sheriff que no dudó en matar a su mejor amigo, Billy El Niño, para conseguir llegar a ser alguien en las filas del orden. Pero no se trata más que de un disfraz. Como lo son muchos otros que se ha puesto a lo largo de su vida. Disfraces que usa para destilar la autenticidad de sus propios mensajes. Para que podamos acercarnos a las verdades, más allá de que las diga él o su porquero. Era difícil que pudiera superarse. Pero, mientras esté vivo, ¿qué otra cosa mejor podría intentar que crecer en nuestra admiración? Sabe que lo contrario se llama muerte. Y él todavía no ha entregado sus armas ni ha rendido su talento. Para dicha nuestra.