TRANQUILIDAD

La Voz

OPINIÓN

JULIO FERNÁNDEZ GAYOSO DIRECTOR GENERAL DE CAIXANOVA LÍNEA ABIERTA

13 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Los dantescos sucesos acaecidos en este que algunos han bautizado ya como martes negro, y la extrema virulencia con la que se han producido, han sobrecogido al mundo en tal medida que podrían dar lugar a una transformación de notable magnitud y de imprevisibles consecuencias en todos los órdenes. Aparte de las cuantiosas pérdidas humanas y materiales que ha causado de forma directa, absolutamente lamentables, el violento ataque terrorista contra algunos de los principales centros neurálgicos de la primera gran superpotencia mundial, para el que en verdad nadie podía estar preparado, ha hecho algo más que destruir un mito de invulnerabilidad. En realidad, ha debilitado algunos de los principios básicos en los que se asienta el orden mundial establecido, al punto que, sin duda alguna, este once de septiembre marcará un antes y un después en la historia de las relaciones políticas y económicas internacionales. Incertidumbre Desde el punto de vista económico, estos sucesos han venido a incrementar el grado de incertidumbre que planeaba sobre todos los mercados bursátiles y financieros en general, en un momento del ciclo escasamente oportuno. Paralelamente, en el plano social, ha supuesto una auténtica sacudida del valor más esencial en la vida de las personas, como es el de la seguridad, y en su versión más elemental, la de la pura integridad física de los ciudadanos, que, entre otras consecuencias, podría afectar de forma imprevisible al devenir de la coyuntura económica a corto plazo. Actuación racional y ponderada Minimizar la carga negativa de este indescriptible hecho, y asumir sus efectos sin traumas, dependerá en buena medida de la actuación racional y ponderada de los dirigentes y autoridades políticos y económicos de todo el mundo y a todos los niveles, quienes ahora tienen una acuciante oportunidad para demostrar su determinación y su auténtica condición de líderes. Tranquilidad es la palabra que, en tanto no se encauce la situación, debe estar en boca de todos, y, en nuestra cabeza y en nuestro corazón, aprovechar la ocasión en positivo, para reforzar los valores y los sentimientos, como la solidaridad o la generosidad, que, en última instancia, nos hacen personas y fundamentan los principios de la sana convivencia.