EL GATOPARDO

La Voz

OPINIÓN

VENTURA PÉREZ MARIÑO

22 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Ya se ha puesto el sol: descansa en las ignotas grutas del mar océano, silente para cuatro años. Ha cesado la campaña electoral, más ocupada de desprestigiar al contrario que de plantear proyectos casi siempre etéreos y descreídos, entre primeras y últimas piedras. Ha llegado la paz, pero también la hora de hacer. El resultado es el que es, por más análisis que se quieran hacer y no hay sorpresas que ajustar; sólo queda aceptar y acoplar las previsiones. Fraga y su partido tienen el mérito y la estima de un muy numeroso grupo de gallegos, lo que les hace ganadores merecidos una vez más. El resultado es lo que el pueblo ha querido, lo que quiere conscientemente. Pero la magnífica democracia no sólo es participar sino también el aceptar, con agrado, como presupuesto, las decisiones del conjunto. Y eso debe hacerlo la oposición. Creo, sin embargo, que un proyecto político tan personalizado como el del PP lleva una espada de Damocles encima. Nada ha cambiado, pero sin embargo las cosas no van a volver a ser iguales. El gatopardo, tan acostumbrado a mandar, tiene ahora que formalizar su propia sucesión. Y por una cuestión de responsabilidad tiene que hacerlo rápido. Ésa es la primera tarea, y no menor, que ha de afrontar. Lograr que la estabilidad institucional y partidaria que su figura supone, continúe en el periodo entre elecciones. Porque con independencia de todo lo dicho en la propaganda electoral, aquí se habrá hecho la revolución silenciosa que se quiera, pero queda por hacer muchas revoluciones para desterrar el feísmo global y el atraso socioeconómico, que como comunidad nos persigue. Queda por hacer una política tolerante, que desde la mayoría absoluta se puede y debe hacer. Magnífico momento para ser magnánimo desde la mayoría y constructivo desde la minoría. Todo es posible en esta sociedad de lluvia y calma que una vez más ha descansado en el regazo del adusto gatopardo, leopardo rampante literario, acomodado ideológico de Lampedusa, tan acostumbrado a tomar decisiones por todos los demás, ahora tiene que tomarlas para sí mismo.