ENCANALLAMIENTO

La Voz

OPINIÓN

ENRIQUE CURIEL CRÓNICAS HUSITAS

10 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

El debate que se está desarrollando en el seno del socialismo vasco resulta de especial trascendencia para todos. Pero ello no puede justificar las presiones que se están produciendo desde el exterior para influir en su desarrollo. Portavoces cualificados del PP y medios de comunicación próximos al Gobierno no dudan en utilizar argumentos de una categoría moral inaceptable que pretenden degradar las motivaciones del llamado sector vasquista del PSE-EE y de las personas que lo representan. Solamente desde un cierto encanallamiento moral se puede utilizar la sangre y el recuerdo de los compañeros asesinados por ETA para acusar de «traición» a unos militantes que defienden unas determinadas posiciones políticas que no coinciden con los deseos de grupos ajenos al PSE. Solamente desde un cierto encanallamiento moral se puede acusar a estas mismas personas de cobardía. ¿Acaso alguien cree que se puede poner a salvo de las balas de ETA por sus opiniones más o menos comprensivas con el conflicto vasco? ¿Es lícita moralmente la utilización del recuerdo de Juan Mari Jáuregui, de Fernando Buesa, de Ernest Lluch y de tantos otros, para violentar la conciencia política de unos militantes que se juegan la vida y defienden sus convicciones? El camino que se ha emprendido resulta altamente peligroso al deteriorar la imprescindible colaboración de todas las fuerzas democráticas frente a la violencia. Porque lo que resultará difícil, a medio plazo, será mantener el pacto por las libertades y contra el terrorismo suscrito hace un año por el PP y el PSOE, a iniciativa de Zapatero, al tiempo que uno de los firmantes trata de extraer el máximo de rentabilidad política de las dificultades del otro socio. Claro que tampoco nos tiene que extrañar. La tentación de que todo vale en la lucha política no es nueva en los círculos del Gobierno, aunque sólo sirve para enmarañar más, si cabe, el complejo panorama en el País Vasco. No en vano, en el documento firmado en octubre de 1997 por las organizaciones del PP en el País Vasco y Cataluña, ya se subrayaba «la conveniencia de hacer de la lucha contra ETA una de las principales bazas electorales del partido, sacando el máximo provecho posible al clima cada vez más anti-vasco existente en la sociedad española». Dirigentes del PP como Mayor Oreja o María San Gil deberían ser respetuosos con los avatares de los otros partidos. Ofrecer cobijo a los militantes socialistas que se encuentren huérfanos revela una incontenible tendencia hacia la rapiña incompatible con los más elementales principios de respeto que deben regir la actividad democrática entre los partidos. Las victorias políticas se consiguen en las urnas y no con la destrucción del adversario. Todos nos jugamos demasiado en Euskadi.