ALFONSO DE LA VEGA
09 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Dentro del proyecto de regeneración institucional que patrocinaba el PP, cabe incluir el borrador de la futura Ley de Calidad de la Educación. Ninguna institución es más importante para el futuro de un país que la educación. En el caso español nos encontramos con un proceso de grave deterioro con altas cotas de fracaso escolar que tiene que ver con todo un conjunto de cuestiones sociales, como el desarraigo familiar o la anomia, además de la propia funcionalidad del sistema educativo en sí mismo. Parece claro que el actual sistema no funciona adecuadamente y es regresivo en la medida de que a quien más perjudica es a los chicos valiosos de las clases con menos medios económicos y de relación. En efecto, la igualación por abajo de los que no pueden eludir el sistema, es una monstruosidad que vulnera las leyes no escritas de la evolución moral, intelectual y social. Obstáculo Tal sistema es un obstáculo que impone la reacción social (camuflada del falso progresismo que supone suprimir los controles de calidad), al desarrollo del mérito personal, son como pellas arrojadas por la demagogia y el vulgo contra la inteligencia y la voluntad. Y el desarrollo de esta importante facultad del alma, la voluntad, suele obviarse en los procesos educativos actuales. Decía un ilustrado alemán que el valor de la verdad que ha alcanzado un hombre no debe juzgarse en sí misma como mero resultado final, sino dentro del proceso o camino individual seguido para conseguirla. Estamos llegando a unos niveles de deterioro tales que una parte significativa de la gente no demuestra merecer el nivel de civilización que la sociedad le ofrece. Intereses creados Aunque a la pobre doña Pilar del Castillo se le echarán nuevamente encima los intereses creados, entre estos los de aquellos que hacen su negocio con el embrutecimiento de las masas, la gente preocupada por el futuro debería aplaudir su iniciativa y tratar de aportar lo que pueda para mejorar una ley tan importante para España y sus ciudadanos. O si no, resignarse a la ineludible decadencia que se manifiesta en el botellón y la ignorancia y que es el resultado de la permisividad, la cobardía y la demagogia.