GUANTÁNAMO

La Voz

OPINIÓN

RAMÓN CHAO

21 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

En 1953, Jean Paul Sartre publicó un artículo en Liberation titulado Los animales afectados de peste. Entre otras cosas escribía: «!Cuidado! Estados Unidos está rabioso. Cortemos todos los lazos que nos unen a este país, para que no nos muerda y nos contagie la rabia». No estamos en éstas, por supuesto, ¿mas quién iba a decir que Inglaterra y Alemania, siempre tan dóciles con los americanos, se enfrentarían un día con ellos? Algo así sucedió en la reciente reunión de los ministros europeos de Asuntos Exteriores celebrada en Cáceres. La mayoría consideró que los americanos se pasaron de la raya al establecer solos y a su antojo la línea del bien y del mal. La visión del mundo que quieren imponernos, a base de armas sofisticadas, bombardeos ciegos y daños a los civiles, choca cada vez más con los valores que defienden los europeos. Esto fue patente en relación al conflicto entre Israel y Palestina. Frente a la actitud belicosa de Bush y Sharon, el francés Hubert Vedrine criticó «el nuevo simplismo que consiste en reducir todos los problemas mundiales a la lucha contra el terrorismo, sin consultar a nadie y en razón de sus únicos intereses». El alemán Joschka Fisher admite que es necesario combatir el terrorismo, pero hay que tener en cuenta también «las raíces económicas y sociales de este problema», y por no hacer el cuento largo, hasta Javier Solana, incondicional hasta ahora, teme un peligro de «unilaterarismo global». La rebelión no se reduce a Europa. En Estambul se acaba de celebrar el encuentro entre la Unión Europea y la Conferencia Islámica. Siempre invitan a EE UU. Esta vez no. Hablaron de la política de Bush, de su proyecto de bombardear Irán y del célebre conflicto de civilizaciones, tan cacareado después de los atentados del 11 de septiembre. Los países árabes convinieron en que «afortunadamente, tenemos a Europa para lanzar otras iniciativas». Walter Schiwmmer, secretario general del Consejo de Europa, resumió la actitud de su organismo diciendo que «el gran desafío consiste en no permitir que las acciones militares socaven las acciones políticas, y evitar la erosión de nuestros valores democráticos». Estos valores se desprecian en Guantánamo, y también con la diferencia que hacen entre talibanes y miembros de Al-Qaida. Según los juristas franceses, la historia de EE UU está plagada de casos en los que se invoca o se viola el derecho internacional según sus conveniencias: en 1862, cientos de indios de la tribu Santi se rindieron al general Silbey, quien los juzgó, no por haber violado las leyes y las costumbres de la guerra -pues el Gobierno federal negaba a los indios el estatuto de combatientes-, sino por los «crímenes» que habían cometido contra los rostros pálidos durante las hostilidades. Lo que no tiene precedentes, sino que es una extensión de la rabia, es el trato que se les da a los prisioneros de Guantánamo. EE UU ha inventado el concepto de guerra limpia, realizada por aviones sin pilotos, bombardeos masivos sin ninguna baja americana y un número ignorado de muertos enemigos. Ahora se acaban de descubrir errores trágicos de matanzas de afganos inocentes en varias ciudades, Kandahar entre ellas. Es la guerra posmoderna. Y ahora nos sacan el castigo posmoderno, simétricamente opuesto a la pena clásica. Antes se dañaban los cuerpos con toda clase de torturas activas. Ahora, al contrario, la pena posmoderna consiste en privarnos de cuerpo y de sentidos: sin vista (gafas totalmente negras), sin tacto (guantes de boxeo), sin oído (cascos ensordecedores...). Se somete a la víctima a un aislamiento total que la separa no sólo del exterior, sino de sí misma. La tortura pasiva. El cuerpo, completamente aislado, no necesita rejas ni muros. Sueltan a los presos en un territorio extraño y hostil (una base americana en Guantánamo) y basta con dos o tres cancerberos para vigilarlos con toda impunidad. Unos cincuenta intelectuales de derechas americanos firmaron un manifiesto en el que apoyan la nueva visión bushiana del mundo: «Reconocemos que a menudo nuestra nación ha demostrado arrogancia e ignorancia hacia otras sociedades. Nuestra nación a veces ha llevado políticas mal orientadas e injustas, pero no se vayan a engañar -make no mistake about it, tal es el leimotiv de Bush-, la nueva política no es ocasional, sino que va a durar por lo menos diez años», repiten los firmantes, por lo cual deduzco que tal vez la observación, o parábola, o profecía de Jean Paul Sartre no iba tan descaminada.