Hay rectores y rectores. Y vascos y vascos. Visto lo que está pasando con la persecución a los profesores demócratas en la universidad vasca y el mimetismo táctico del rector Montero, no viene mal recordar cierta peripecia que vivió el maestro Unamuno en uno de los momentos más tristes de nuestra historia, cuando era rector de la universidad de Salamanca. En la hermosa ciudad leonesa del Tormes no había entonces demasiado humor para recrearse con el esplendor otoñal de la piedra dorada, pero aún había restos de la valentía y dignidad moral que en otro tiempo hizo admirables a los vascos. El 12 de octubre de 1936, en el Paraninfo, ceremonia de apertura del curso académico. Acompañan al rector bilbaíno el obispo barcelonés Pla y Daniel, el general Millán Astray y Carmen Polo, esposa de Franco. El general legionario, conocido por su ferocidad y excesos, ataca a los vascos y catalanes, amenaza con «escarmentarlos» y termina su exabrupto, que no discurso, con los gritos de ¡Viva la Muerte! y ¡Abajo la inteligencia! Cuenta Hugh Thomas en su libro The Spanish civil war que, ante el tembloroso prelado catalán y en medio de un expectante silencio, el rector se levantó para improvisar un noble y valiente discurso en defensa de la institución universitaria, como sumo sacerdote de ese templo de la Razón, violado por la actuación del militar rebelde. Calificó de «repelente» el grito de Astray y le conminó a que convenciese utilizando la razón, en vez de vencer utilizando la fuerza bruta. Se mascaba el miedo por las represalias que pudiera sufrir el veterano rector. Pero, en un acto que sin duda honra su memoria, la señora de Meirás protegió a don Miguel acompañándolo hasta su casa. Unamuno moriría en su domicilio el 31 de diciembre de ese mismo año. La principal diferencia entre ese lamentable entonces y la actualidad vasca es que ahora, las inquietantes armas del general africanista del uso de la violencia y la fuerza bruta contra la razón, la libertad de cátedra y la inteligencia que defendía el gallardo vizcaíno, las portan los nacionalistas vascos y sus cómplices, émulos hipócritas de los fascistas de los años treinta, y no atacan a los grandes valores de la Universidad desde fuera, sino desde el interior de las instituciones. Vamos a ver cómo y cuándo se explica y actúa el rector Montero.