FERNANDO ONEGA
24 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.¡Ay, que se nos va! Jesús Gil se quiere marchar de España. A Brasil, con las garotas y la samba. Lo anunció al mismo tiempo que comunicaba que renuncia a la alcaldía de Marbella. Se le han terminado las ganas de luchar. Ignoro si es un gran farsante o se ha creído la tesis de la persecución política, pero ha tirado la toalla. Ni alcaldía ni España. Quiere ser un exiliado, porque su patria se ha convertido en irrespirable, con tanto juez a sus espaldas, tanta sentencia pendiente, tanto desamor en los medios. Gil es tan poco querido, que incluso el Príncipe ha decidido no pasar por Marbella en su gira andaluza, para evitar la foto con su alcalde. Así termina la gloria del mundo. Ha pasado de jugar a ídolo social a ser un apestado. Por lo visto, por lo confesado por él mismo, sólo le quieren los presos. Matizo: quienes más le quieren, son los presos. Lo vio en su última estancia en la cárcel. Desde la celda oía los gritos de «Viva Marbella! y ¡viva Gil!». La sensación de soledad y de abandono social puede llegar a ser tan angustiosa que, a pesar de la riqueza dudosamente acumulada, uno puede llegar a encontrarse a gusto en la miseria; en la cárcel. Alguien cruel podría escribir: Gil se encuentra cómodo con los suyos. «Me voy de este país» No es mi caso. Como persona, me da pena. Es de los ejemplos en que me gustaría tener delante aquel viejo letrero de juzgados y cuarteles de la Guardia Civil: «Odia al delito, compadece al delincuente». Y ahora dice que se irá de España. Lo dijeron todos los que han pasado por su situación. El «me voy de este país» es el grito de la desesperanza, de la expulsión, de la marginación última. Lo malo, don Jesús, es que no sabe cuándo podrá hacerlo. Antes de terminar su vía crucis judicial, no le dejarán los jueces. Por eso le han pedido una fianza tan alta. Y su vía crucis judicial no tiene fecha para terminar. Quizá no se mida en años, sino en lustros, de tanto que ha bordeado y saltado la ley. Veremos antes el término de las investigaciones sobre el BBVA. Asistiremos al juicio de Rumasa. Habrá sentencia del caso Banesto. Es decir, pasará una eternidad. Gil no se podrá marchar. Está condenado al exilio interior.