París je ne t'aime plus. París con aguacero y luz grisada en el tejado de una chambre de bonne . París por la mañana o a l'apres-midi . París a golpe de taxi. París sumergido, nocturno. Hasta el aire parecía que estuviera en suspenso. En las viejas tabernas, los exiliados españoles hablaban en voz baja. Y fue justamente en aquellos momentos de miedo y esperanza cuando apareciste ¿dice Gil de Biedma¿ «arisca, vil y bella canción francesa de mi juventud». París era eso y el sabor a un beso libre ¿de casi amor¿ en silencio, de la mano, bajo el Pont Neuf y el olor difuso a carbonilla en la boca del metro de Sebastopol. Un par de músicos rusos o ucranianos tocaban con chirriantes acordeones una melodía del Este. Eso también me gusta de París, me hace pensar en la ciudad de la posguerra que tanto fotografió Doisneau y en aquellos amantes besándose mientras caminan, captados desde una terraza de la rue de Rivoli. El café esta igual y, enfrente, el Ayuntamiento sigue dando que hablar de corrupción y malas maneras civiles. París de la Bastille ¿cantaba Leo Ferré¿ París de Nanterre, París de mayo y barricadas. Es tantas ciudades París. El París de los judíos y el París árabe de los talleres de costura clandestinos con ventanucos iluminados a las cuatro de la madrugada, agrandándole la tristeza; el París de los emigrantes, el de los mercados al amanecer y de los camiones de pescado; el París de los escritores, el París de Cortázar caminando por Saint-Germain-des-Près, con llovizna y Baudelaire en el bolsillo de la gabardina; el París canalla de la rive gauche , el de las tabernas con mostradores de cinc, y el de las librerías de viejo, y el de los sótanos del alma; el París abarrotado de los grandes bulevares y el de los callejones solitarios. París flotante, sonámbulo, lleno de gatos... y alguna que otra madreselva reptando en un muro. Eso es de noche, sobre todo de noche, justo detrás de las chillonas luces de Pigalle. Está el París en blanco y negro de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman; el París impreso de Jean Paul Sartre; París real, literario, cinematográfico... El París de aquel amor tuyo y mío, en una de esas noches memorables, muy tarde, con la botella medio vacía y música de Brassens... ¿te acuerdas? París patria de la Declaración de Derechos del Hombre, capital de todos los exilios. París resistente bajo un cono de luz la noche en que Víctor Lazslo hizo triunfar La Marsellesa en el Rick¿s Café de Casablanca . París sin embargo hoy, con la luna de una desvencijada Europa asomando las garras tras sus ventanas. Y es en este momento cuando tienes que aparecer de nuevo «arisca, vil y bella canción francesa de mi juventud». Este domingo, más que nunca: París antifascista.