El telediario hace daño. Veo como los policías chinos tiran de un matrimonio norcoreano que se quería refugiar en la embajada de Japón. Se quedan a dos centímetros de la libertad. Se quedan a medio metro de su hija, no más de dos años, que sí consiguió pasar la verja. La niña no sabe qué hacer. Los policías la llaman para que salga. Los padres le gritan que se quede allí, lejos ¿para siempre? de ellos pero cerca de la libertad. Llega personal de la embajada y coge a la niña. A los padres se los llevan detenidos. La escena me hace llorar. Es Kramer contra Kramer. Tan real y miserable como la vida, lo peor de la vida. Daguestán tiene nombre de país de Tintín. Pero no es un tebeo. Una bomba acaba con decenas de vidas, muchas de niños. Una banda de música pasaba por allí. Hay brochazos de sangre y un hombre que corre, desesperado, con un niño tendido en sus brazos. Más miseria. ¿Es el hombre un animal racional? Voy al fútbol, al circo del balón. A olvidar. Un matrimonio ve el partido con su hijo. El hijo tiene síndrome de Down. Lleva la camiseta del equipo y chilla sin parar. La escena es conmovedora. ¿Qué es la vida? Dice Confucio que pura contradicción: nacemos para morir.