CONTRA EL OSCURANTISMO

OPINIÓN

25 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Alfonso Guerra tenía razón: a este país no lo reconoce ni la madre que lo parió . Ayer, sin ir más lejos, se produjo un hecho nuevo increíble: toda la prensa y las tertulias hablaban bien de un banco y cantaban las excelencias de un banquero. «No puede ser», exclamé. Este país que aplaudió a Suárez cuando llevaba una pegatina que decía: «Yo también tuve problemas con la Banca»; este país justiciero que fue educado primero en la nacionalización de la Banca y, después, en la perversión del sistema bancario, se pone de acuerdo en una única cosa: en hablar bien de Botín. La huelga, la presidencia europea, el estilo de oposición o el paro dividen y enfrentan a la opinión. Un banquero y un banco crean unanimidad. ¿Será un milagro? En parte, sí. Y es que don Emilio hizo un milagro previo: apostó por la transparencia, esa rara especie de comunicación. Y dio ejemplo revelando su sueldo que, por cierto, es menor que el de multitud de futbolistas e incluso de bastantes periodistas. He aquí la noticia del hombre que muerde al perro. ¡Un banquero que dice cuanto gana! Y lo dice en el país donde los sueldos de los directivos -y no digamos los bonus - son un misterio mejor guardado que los secretos de Estado. Supongo que por su exceso. Y la gente se puso a aplaudir. La gente aplaude la transparencia. Es un pequeño detalle en un momento donde el debate público se centra en saber quién mintió más al contar la huelga; donde un presidente autonómico dice que los ministros del Gobierno superan a Goebbels en manipulación informativa; y donde existe un insólito interés por los confidenciales que aparecen en Internet, porque hay una cierta sensación de oscurantismo en la vida pública. Dicen que la actitud de Botín obligará a otras grandes empresas a hacer lo mismo. Yo no pido tanto. Me conformo con que sean transparentes quienes tienen la obligación legal de serlo: los poderes públicos. Al fin y al cabo, la transparencia es una cualidad de la democracia. Cuando no se practica, es que hay algo que ocultar.