Más vale que disfrutemos del verano, porque el otoño se presenta lleno de presagios inquietantes por la acumulación de problemas que se pudren ante nosotros. Nos aproximamos lentamente hacia el primer aniversario del 11-S en un clima de crisis. No solamente porque se acentúa la percepción de que no hemos tocado fondo en la desaceleración económica, sino porque los problemas políticos se agravan al mismo ritmo que se confirma la incapacidad de las elites dirigentes para señalar un camino transitable y despejar la tensión en las líneas de fractura. El derrumbe de las bolsas, acompañado por las pruebas de una corrupción de alto nivel, primero en Enron y ahora en Worldcom, constituyen una buena prueba de que no estamos en las mejores manos. La imagen de los líderes mundiales del G-8, escondidos en el búnker de Kananaskis, a cien kilómetros de distancia del mundo real, protegidos por misiles tierra-aire, aviones Awacs para la guerra electrónica, cazas CF-18, helicópteros de combate artillados, seis mil soldados y 4.300 policías, resume la disparatada condición en la que nos encontramos. Unos líderes democráticos que temen a sus ciudadanos, a los que dicen representar. Y para colmo, incluyen ahora a África en la agenda de la cumbre, cuando el continente africano sufre las consecuencias del modelo de globalización ultraliberal que ellos mismos decidieron. Las medidas paliativas que puedan aprobar resultarán similares al consejo que le ofrezcamos al enfermo terminal para que tome una aspirina y guarde cama. El continente africano, víctima del cierre arancelario del primer mundo, sufre la devastación del hambre, el sida y las guerras por las materias primas, azuzadas por nuestros intereses comerciales. No sólo se trata de un problema moral, sino que, como ha recordado Mijail Gorbachov en Barcelona, «el terrorismo nace de la miseria», y, añado yo, los movimientos migratorios también. Las propuestas de Aznar en Sevilla, afortunadamente derrotadas, en el sentido de sancionar económicamente a los países que no controlan a sus emigrantes, representan la culminación del despropósito. O abrimos nuestro comercio o vendrán ellos. Es así de simple. Por lo demás, de la guerra de Afganistán poco nos cuentan. Miento. Ya sabemos que se ha constituido el Gobierno de Hamid Karzai, antiguo ejecutivo de Unocal, gigante energético estadounidense que, con el apoyo de Bush, se apresta a la explotación de las reservas gasísticas y petrolíferas de Asia central, calculadas en 60.000 millones de barriles de petróleo, es decir, el consumo de los USA durante cinco años. Y termino. El panorama se hace más angustioso al contemplar la situación de Argentina. Los argentinos sufren una crisis que ellos no generaron; otra cosa son sus políticos y empresarios, y el FMI no puede actuar como un simple banco comercial. Debe apoyar a los argentinos aunque no confíe en su Gobierno. Otro día hablaremos de Brasil, Venezuela y Arafat. Decididamente, hoy me he levantado con el pie izquierdo.