Puñetazos

BLANCA RIESTRA

OPINIÓN

09 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

LEO HOY en Le Monde una entrevista con Chuck Palahniuk, el autor de Fight club (El club de la lucha) , novela que fue adaptada al cine por David Fincher en 1999, con Brad Pitt y Edward Norton como coprotagonistas. Este chico (Pasco, 1962) es muy interesante, uno de estos peces raros que surgen en Estados Unidos, gente capaz de ver las cosas desde fuera, de emitir juicios lúcidos sobre nuestro mundo. Seguro que muchos recuerdan todavía la oscura y delirante historia de Tyler Durden, un joven ejecutivo que descubre que su vida está tan condicionada y dirigida «como la comida que le sirven en el avión», que por mucho que diga la televisión, nunca se hará millonario de la misma manera que nunca se convertirá en estrella de rock. De ahí a la formación de una banda anarco-nihilista y la destrucción de todas las torres de las compañías de tarjetas de crédito americanas, hay un paso. Tras el 11 de septiembre, la revisión de la película de Fincher (muy anterior) resulta sobrecogedora. Y es que los órganos propagandísticos de esta enorme fábrica de condones que es el mundo nos quieren hacer creer que vivimos en el paraíso porque podemos comprarnos unos levi's y una crema de Chanel. (Y pagarnos la francachela del fin de semana, completamente necesaria para estar el lunes puntual -con corbata y sumiso- en el trabajo). ¿Nadie ha pensado que esta sociedad en que vivimos, este sistema aparentemente tan satisfactorio, se hundiría si eliminásemos totalmente el alcohol y los centros comerciales? Abrir los ojos. Igual que Matrix fue saludada como producto peligroso, que podía herir la sensibilidad del espectador adolescente, Fight club fue recibida con entusiasmo pero con miedo. Era un producto extraño, con estética de videoclub, jóvenes galanes hollywoodienses y contenido subversivo (incitación a la violencia, fascistoide -dijeron los defensores del mundo libre). Y, sin embargo, este camino es el camino, de la misma manera que la única forma de luchar contra el racismo (para los negros) es hacerlo desde dentro, infiltrándose en el sistema, y la única de luchar contra el machismo (para las mujeres) es dejar de identificarse con el aparato genital que nos ha tocado en suerte, empezar a sentirse individuo y no gallina clueca y ¿quién sabe? quizás dejarse un hermoso bigote como el de Patti Smith. ¿Serán los ejecutivos americanos, los escritores de best-sellers , los que revienten esta cárcel innominada? ¿Nos salvarán de nuestro destino de juguetes, las víctimas de la silicona, las mujeres teñidas, el ejemplo trágico de la pobre Marilyn? ¿Y si Michael Jackson, con su piel decolorada, fuese un canto a la igualdad del hombre, un protomártir del racismo? Yo, por si acaso, he dejado de comprar.