El compromiso de los ártabros

OPINIÓN

17 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

LAS RÍAS BAIXAS son casi mediterráneas, por su luz, su color, su vitalismo. La Costa da Morte es un algo especial, un impacto frontal en los sentidos; las Rías Altas son un paisaje bellísimo y su prolongación, por A Mariña lucense con su dentado frente litoral, constituyen casi un referente europeo del paisaje californiano costero. Así me describía un amigo mío italiano su percepción -rápida, pero incisiva- de la costa gallega. Y añadía, «pero con ser todo bellísimo, la carretera que de Coruña llega a Ares por la costa, -por Mera, por Miño, por Redes- es lo que más me gustó». Y lo justificaba así: «Es como una mezcla entre la mediterraneidad de las Rías Baixas, el paisaje subtropical de las Altas y la elegancia y el cuidado de la Riviera italiana o francesa». Tendría o no razón. El día soleado, la intensa floración primaveral, la nitidez del aire que permitía a la luz traspasar las hojas y resaltar los colores de las flores, de las hortensias que bordean las carreteras, tal vez ayudaron a la percepción. El golfo Ártabro es el borde litoral mejor cuidado de Galicia. ¡No todo va a ser feísmo! Si a ese borde litoral le sumamos los valles del Mendo, del Mandeo, del Mero, del Landro y sobre todo del Eume, y los lugares y centros monumentales e históricos, la arquitectura de galería, la del modernismo o del estilo de secesión y algunos conjuntos de arquitectura popular, completaremos un cuadro magnífico. Al contemplarlo así en conjunto, se me ensancha el alma por acumulación de imágenes vividas; pero también se me aprieta el corazón. Me da miedo pensar en lo que se puede destruir, o que el feísmo cuyas muestras se ven por aquí y por allá, pueda extenderse a otros lugares. La presión urbana e industrial, las grandes infraestructuras, la densificación poblacional, nuevas promociones inmobiliarias, ciertas modas ajenas como los perpiaños de granito, o ciertas urbanizaciones, monótonas unas y pretenciosas otras, y las imitaciones papanatistas, son amenazas al territorio de Breogán. Da igual que la opinión de mi amigo sea acertada o no. Lo importante es, además de disfrutar del presente, adoptar una posición de salvaguarda hacia el futuro. Una vez más debemos pensar que el progreso no va en contra de lo bello, de lo contrario sería regreso . Pero el progreso, para serlo de verdad ha de difundirse a la mente de toda la población. No es una prerrogativa de ningún grupo, de ningún alcalde en particular, ni de ningún líder social; el progreso real, el progreso perdurable y sostenible, es siempre una búsqueda de armonía, un compromiso de equilibrio, entre un culturalismo idealista y anclado en el pasado y un progresismo abandonado a la técnica y al crecimiento de la economía. Y en ese punto medio es en el que suelen situarse las sociedades cultas, y por eso profundamente liberales y democráticas. La ignorancia con la libertad no casa, ni con la democracia. Ni caciques, ni visionarios; sino personas normales, imbuidas de principios o valores positivos, que al actuar, individualmente y en grupo, sean capaces de construir su futuro mejorando el presente. Es ese el compromiso que yo deseo -y al que me sumo en lo que pueda- para que los que habitamos esas escotaduras del gran golfo de los ártabros demos ejemplo de compromiso, con nuestra cultura y con nuestro territorio; con nuestro pequeño solar de Breogán.