ASÍ SE denomina el acuerdo adoptado en la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, celebrada del 1 al 10 de diciembre de 1997 en Kioto, en la que participaron 161 países. Este compromiso persigue la reducción del riesgo de calentamiento del planeta debido al efecto invernadero, mecanismo climático natural por el cual la atmósfera permite el paso de la radiación solar, pero impide que salga al espacio el calor de la superficie terrestre y de la baja atmósfera. El protocolo es un documento vinculante, consta de cincuenta artículos y establece que entre los años 2008-2012 los países desarrollados reducirán un 5,2 % respecto a 1990 sus emisiones de seis gases de efecto invernadero. Los tres más importantes son el dióxido de carbono -que supone un 84% de las emisiones-, el metano -un 12%- y el óxido de nitrógeno -un 5%-. La pactada reducción de emisiones del 5,2% tendría, en cualquier caso, un efecto medioambiental poco relevante. No en vano, se considera que las reducciones deben ser superiores al 20%. La UE se comprometió a reducir sus emisiones en un 8% y Estados Unidos en un 7%. El presidente Bush, sin embargo, se desvinculó de tal compromiso, por considerar que perjudica a su país. El Protocolo ha sido firmado hasta la fecha por 84 países y ratificado por 46. Su entrada en vigor se producirá cuando tal ratificación sea llevada e efecto por al menos 55 países que sumen el 55% de las emisiones de este grupo en 1990. Japón , Rusia y Canadá no lo han hecho de momento, en espera de que sean aceptadas sus demandas. El Gobierno español acordó remitirlo a las Cortes para su ratificación el 1 de febrero de 2002, y el 13 de junio el Congreso aprobó la Ley de Prevención y Control de la Contaminación.