Calidad de la enseñanza

PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS

OPINIÓN

11 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

LOS PADRES HABLAMOS de los hijos, de sus posibilidades laborales, de su posicionamiento ante la vida, de sus ambiciones... Predomina la tendencia a efectuar comparaciones sobre lo que a cada generación ha tocado vivir. Se afirma que los de hoy lo tienen difícil, pero no más que nosotros, en tiempos de opresión y escasez. Y suele resaltarse que entonces, al menos, uno se ponía metas, a veces utópicas e inalcanzables, pero se las ponía. Ahora, en cambio -decimos- los jóvenes se muestran dispuestos a adaptarse a un pasar nada estridente, sin aspirar a ser, como ellos dicen, «el más rico del cementerio». Otros valores hay que hoy en día colman más una vida que todas las alharacas de triunfo social y profesional que a nosotros nos acuciaban. La ministra Pilar del Castillo, con su Ley de Calidad de la Enseñanza, que excluirá de la Universidad a quienes se entienda no dotados o interesados en ello, proporcionándoles un trabajo material inmediato, debe de saber algo de todo esto. Pero, al menos, habría que hablarlo.