Futilidad

| PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS |

OPINIÓN

20 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Me dice un buen amigo que dentro de diez años los PC, personal computers , serán objetos extraños, más anticuados que «el artificio de Juanelo», aquel que servía para elevar el agua desde el Tajo hasta las alturas de la imperial Toledo. Tal es el avance de la tecnología informática y telemática. Él sugiere que las jóvenes generaciones irán a contemplarlos a los museos, igual que hoy se hace con los mecanismos voladores de Leonardo da Vinci o con el submarino de Isaac Peral. Y yo le digo que ni siquiera eso: que los museos no son hoy almacenes del pasado, sino un juego de presente interactivo. Ni pasado ni futuro, sino sólo la orgía del presente omnipresente. Y así discurre nuestra inútil conversación, él -que ya no puede fumar- tratando románticamente de proyectar el pasado al futuro, y yo -que aún puedo pero que no debiera- rumiando entre el humo de un marlboro en qué clase de futilidad e intrascendencia nos hemos o nos han sumergido. Nos comprendemos, pero ni nos podemos ayudar.