Irlanda: sí con reparos

ENRIQUE CURIEL

OPINIÓN

21 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

SÓLO TRES de cada diez irlandeses han votado a favor de Europa. Una vez más, si tenemos en cuenta la alta abstención, la aventura europea aparece lejana para los ciudadanos y pone de relieve el déficit democrático que envuelve a la burocracia de Bruselas, a los eurócratas . Hoy es Irlanda, ayer fue Francia y antes Dinamarca, mientras Gran Bretaña mira hacia Washington. A duras penas las sociedades europeas comprenden el contenido de los tratados y su significado, más allá de la moneda única y de la ciudadanía europea. La Unión Europea (UE) se está quedando sin impulso político, sin energía, sin entusiasmo, sin liderazgo. A la división ante la política de guerra de EE.?UU. se han unido ahora las diferencias públicas entre los defensores a ultranza del déficit cero, con España a la cabeza, y Francia y Alemania, que lo consideran una estupidez, como ha reconocido Romano Prodi. La posibilidad de que los irlandeses reafirmaran su voto negativo al Tratado de Niza, que ya expresaron hace 17 meses, abrumaba a todos los dirigentes de Bruselas en la medida en que significaba un bloqueo político al proceso de ampliación hacia el centro y el este de Europa. La responsabilidad de los irlandeses, al ser conscientes del alcance de su decisión, convertía a este referéndum en un cita muy especial. Irlanda ha sido uno de los países más beneficiados por las ayudas de la Unión Europea, que se cifran en más de 50 millones de euros desde 1973. Así, el debate ha tenido dos impulsos contradictorios pero de gran entidad política. Por una parte, la obligación de ser solidarios con unas estructuras políticas europeas sin cuya ayuda hubiera resultado imposible conseguir el crecimiento espectacular del tigre celta y, por otra parte, las reticencias a la pérdida de su independencia en la política de defensa y de su neutralidad tradicional, así como el miedo a que la apertura de sus fronteras tenga como consecuencia la importación del problema de la inmigración. El Tratado de Niza es decisivo para preparar la ampliación de la UE, ya que exige su reorganización institucional y el avance en la definición de las políticas de defensa, exterior y financiera. El alineamiento político de los partidos resultó relativamente contradictorio. Los pesos pesados de la sociedad irlandesa han hecho un esfuerzo a favor del , representados por los conservadores de Fianna Fail, Fine Gael y PDS, los laboristas, la confederación empresarial IBEC, sindicalistas, el sindicato de agricultores y la Iglesia católica. En el campo del no se integraron los sindicatos de Dublín, Sinn Féin (Gerry Adams), el Partido Verde, algunos laboristas del oeste de Irlanda, organizaciones en defensa de la neutralidad y contra el militarismo y ultraconservadores católicos. Se ha salvado un obstáculo, pero Europa está cansada, sin dirección y preocupada por otros problemas.