EL AVE gallego -el Avetarda - y la marea negra todavía son los temas referentes de la prensa gallega. Lo del fuelazo sigue dando la vuelta al mundo con contrarios argumentos en los medios del Reino Unido y Grecia -no conozco los de Bahamas- que los del resto. Y también en la mal llamada prensa nacional, en la que lo del pescado y el marisco es lo que, por distintos motivos, importa a las catorce autonomías periféricas de Galicia, sin contar con la fraterna República Portuguesa y las que limitan mar por medio . No sólo no he percibido el espíritu fraternal de pueblos que comparten con Galicia Constitución y calendario de Liga y Copa de fútbol sino que, inoportunamente, debaten si somos nosotros mismos más responsables de la catástrofe que los orígenes y causantes de la misma. El Reino Unido, implicado en un entramado de culpabilidades entre las que, también, debe atribuírsele la proliferación de los territorios autónomos fabricantes de la banderas de conveniencia, y Grecia que, por mor de su semejanza con las maneras de la Rubia Albión , con sus libertarios hábitos en todo lo que concierne a la mar y su derecho se ha convertido en uno de los submarinos que atentan contra la seguridad de los mares y sus correspondientes costas. Ocurre que son muchos siglos de campar y navegar por sus respetos y, ahora, de pronto, de gratis y voluntariamente, no van a cambiar. Lo que nos va a caer encima, amén de la laboriosa limpieza doméstica y la dieta de ajo y agua , es un conflicto internacional complejo para intentar resarcirnos de los todavía incalculables daños producidos. Darles a los responsables ideas para eludir su culpabilidad es, como muy poco, de tontos. Y no digo que, llegado el momento, no convenga aclarar por qué unos expertos (?), nacionales o extranjeros, aconsejaron el rápido alejamiento del petrolero y otros siguen asegurando que era mucho más lógico reternerlo en un lugar que haría de chivo expiatorio salvando a la mayoría de los demás; por qué carecemos de los más elementales medios, al punto de salirnos los colores por tener que rechazar el ofrecimiento de los voluntarios, mientras algunos socios se quejan de que hemos aplicado el silencio -el mismo que ha ejercido la Unión Europea- a sus ofrecimientos de ayuda, quizás llevados de una actitud quijotesca impropia del siglo XXI. Y reflexionar, fríamente, en por qué a medida que avanzaba la marea negra se fue transformando en un vertido de desprestigio político administrativo del que ya tendremos noticias de sus futuras consecuencias. Me decía un avergonzado profesor santiagués que qué se diría si con una urgencia de un infarto de miocardio el personal sanitario estuviese dando vueltas con la duda de dejarlo en urgencias, subirlo a la UVI o bajarlo al quirófano. Aunque no resuelvan todas las dudas, existen unos protocolos que son fruto de la experiencia médico-hospitalaria. Y no sé por qué me parece que ni en la Unión Europea, ni a nivel nacional ni, menos, en Galicia se están elaborando estos protocolos que faciliten las decisiones más lógicas en caso de las diferentes catástrofes marítimas. Y estas cosas tiene que asumirlas la Unión Europea, si quiere empezar a descontaminarse del Desprestige . Pero como el espacio es el espacio, apenas me queda para referirme a ese TAV de tecnología punta, acomodada a un mejor trazado de hoy; tenemos que conseguir un proyecto que deje atrás el Avetarda , distinto, con personalidad propia, de prestigio. Prestigio no sería un mal nombre para ese proyecto que, amén de satisfacer necesidades y orgullos, podría ser la primera columna de esa sociedad unida, la Galicia luminosa. Y el nombrecito de Prestigio sería un buen abrelatas de las conservas de deudas y olvidos pendientes sobre ferrocarriles. Otro día sólo hablaré de ellos.