CIUDADES Y CIUDADANOS
14 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.NO ES POSIBLE evitar el tema de la marea negra. Desde La Voz de Galicia se ha informado con profusión y rigor. Se necesita y se agradece. Lo peor de esta situación es el desconocimiento de lo que se nos viene encima y de sus consecuencias futuras. Tenemos sentimientos encontrados. Estamos indignados, pero al mismo tiempo conmovidos. De un lado está el cúmulo de improvisaciones que agravó la crisis. Del otro, la actuación de dimensiones épicas de la gente de la costa y de la marea blanca de voluntarios que los fines de semana anega playas y acantilados, mostrando la cara amable de la globalización y el sistema de valores de los jóvenes. Es necesario también que la solidaridad se extienda al mercado y a los consumidores, y dejarse de sensiblería benéfica y populismo folklórico. Pero por lo que a nosotros, los gallegos, respecta, no hay que quedarse en la indignación, sino transformarla en motivación y corresponsabilidad, y para ello son necesarias tres cosas: la verdad, un plan y un compromiso. Debemos saber siempre la verdad, cueste lo que cueste, por dura que sea. La sociedad exige, ante todo, transparencia informativa no sólo de lo que sucede, sino respecto a las decisiones administrativas y a sus efectos sobre la sociedad civil. Pero además de conocer la realidad, se necesita un plan para el día de mañana, y quiero decir mañana, con su vertiente marítima y terrestre, que recoja nuevas infraestructuras, equipamientos, saneamiento, tratamiento paisajístico; un plan económico cultural, educativo, de apoyo psicológico, urbanístico, turístico, que aproveche la oportunidad para que, una vez controlados los efectos más graves de la marea negra, nuestra costa dé un gran paso adelante. Ante la negritud del presente, hay que sobreponerse a la desolación y, haciendo de la necesidad virtud, aprestarse a extraer de la desgracia nuevas fuentes de riqueza. Un plan que incluya acciones de emergencia, servicios necesarios para aplicarlo, medios humanos y tecnológicos para que, en un nuevo caso imponderable, sepamos qué hacer y podamos hacerlo. Ese plan-programa ecológico, económico, territorial, cultural, social, tiene que ser realizado con ayudas exteriores, pero sobre todo por nosotros mismos. Para los gallegos la palabra no es solidaridad, sino corresponsabilidad, implicando a todos los sectores, poniendo a trabajar a las universidades con sus equipos científicos, geógrafos, urbanistas, biólogos, sociólogos; a los colegios profesionales, a los parados forzosos del sector afectado, a las empresas, al asociacionismo de base, a los jóvenes. Ahora, la corresponsabilidad no obliga sólo a la administración, sino a todos nosotros. Indignados si, pero implicados. Que se haga un plan por consenso político y social, que se nos explique y se nos ilusione de nuevo para llevarlo a cabo.