BENIGNO PRADO
05 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.ARAFAT de kefia, Simon Peres con su kipá en la coronilla y Colin Powell bajo el casco de acero abandonaron las enésimas conversaciones de paz al ver cómo un misil quedaba en perfecta órbita estacionaria. Powell se entrevistó con Sharon y le anunció que en Belén se había encarnado un símbolo del futuro multiétnico y multiconfesional de Palestina, un hijo de Yusuf, palestino de ciudadanía israelí y de Miriam, una israelí de padre cristiano. Sharon autorizó la visita de Arafat a Belén y rogó al secretario de Estado que lo informase. Los tres dignatarios tardaron en encontrar al recién nacido, pues los padres, rechazados por sus distintos pueblos, tuvieron que meterse en una sórdida caseta de las obras abandonadas de un asentamiento judío, flanqueada por un compresor y una excavadora. Powell, claro, ofrendó oro al niño, mientras que Arafat le daba mirra y Peres, incienso. De común acuerdo decidieron no reunirse de nuevo con Sharon. Aquella noche sonó un móvil que alguien había dejado en la caseta. Yusuf contestó y una voz dijo: «Coge al niño y vete a Egipto, Herodes Sharon quiere matarlo». Yusuf puenteó un todoterreno aparcado cerca y, por abruptas sendas, logró poner a su familia al amparo de Egipto.