EN GALICIA hay un delegado del Gobierno, cuatro subdelegados, cerca de treinta delegados ministeriales, tres jefaturas de Costas, cuatro de Carreteras y una ristra interminable de organismos llenos de ingenieros, arquitectos, biólogos, médicos y demás personal especializado. A eso hay que añadir cuatro diputaciones, cuarenta delegados de la Xunta, y otra ristra de servicios que sería prolijo enumerar. Finalmente, deberíamos contar también al Ejército, la Policía, la Guardia Civil, los alcaldes, los agentes de la sanidad local y las universidades. Semejante caterva de cargos, técnicos y profesores cobramos cada mes del erario público, estamos capacitados para responder a lo que nos pregunten, y encuadrados en órganos perfectamente jerarquizados que podrían movilizarse a golpe de instrucción y sin mayores costes. Pero, con la sola excepción de los militares que actúan como voluntarios, casi todos los recursos citados están ociosos y desinformados, mientras el Gobierno y la Xunta han iniciado una alocada carrera para crear nuevas autoridades y organismos encargados de afrontar en paralelo la tragedia del Prestige , sin control parlamentario directo y sin capacitación especial para hacerlo. El comisionado Martín Villa ya ha dicho que no va a hablar del tema hasta enterarse de qué va el asunto. Vázquez-Portomeñe Seijas se hará cargo de un tinglado maravilloso llamado Fundación Arao, cuyo objetivo consiste en hacer, por encargo de la Xunta, lo que la Xunta no quiso hacer. Después está la señora Porro, a quien se le encargó la gestión del voluntariado en el mismo acto en el que se anunciaba la fecha de su cese y el encargo de hacer de sparring de Lois Pérez Castrillo. Y como telón de fondo aparece la Comisión Científica, perfectamente radicada en la Meseta, a la que todavía no se le conoce una sola afirmación que no haya sido importada de Portugal o de Francia, o audazmente adelantada por los analistas de Letras. Pero ya se sabe que en política todo tiene explicación, y nadie debería ignorar que Martín Villa, Vázquez-Portomeñe Seijas, Corina Porro y Lora Tamayo son los escudos humanos encargados de proteger a los políticos frente al dedo acusador de los hechos y a la ira del pueblo. Gente que no tuvo responsabilidad directa en la chapuza y contra la que se espera que ni la oposición ni la prensa se atrevan a disparar. Y eso quiere decir que, si la oposición no es inútil, debería empezar por desenmascarar esta maniobra y arrear estopa sin compasión. Porque, sobre la desgracia de tener un Gobierno ineficaz, en modo alguno debemos soportar a políticos cobardes que se parapetan detrás de presuntos inocentes bien pagados. ¡Vaya panorama!