La guerra más obscena de la historia

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

¿DÓNDE ESTÁ Bin Laden? ¿Para qué sirvió la guerra de Afganistán? ¿Qué tuvo que ver Irak con el 11 de septiembre? ¿Qué pasa si los inspectores de la ONU no encuentran armas de destrucción masiva? Si usted tiene curiosidad por conocer estas cosas, sepa que es un anticuado, que no está al loro de las guerras preventivas, y que incluso se arriesga a ser incluido en esa jauría piojosa que tanto molesta a los poderosos con sus ladridos y frustraciones. Porque lo que de verdad se lleva no es hablar de la guerra y de sus causas, sino de una feliz e inevitable posguerra, de la democracia de diseño que vamos a introducir en Irak, del premio que nos van a dar por nuestra lealtad acrisolada al Tío Sam, y de si es mejor terminar este episodio del lado de los vencedores, de los perdedores o de los que creen que pueden vivir dignamente sin doblar la cerviz ante el gigante americano. Para Bush es evidente que los Estados Unidos de América necesitan hacer y ganar una guerra, afianzar su hegemonía militar indiscutible y controlar los recursos energéticos que pueden garantizar la primacía del dólar y de la economía americana en un mundo que alumbra nuevos centros de poder. Por eso es evidente que Bush se llevaría un disgusto si Sadam Huseín abandona el poder, o si los inspectores de armamento concluyen que Irak es una dictadura sanguinaria sin capacidad para amenazar a ningún enemigo exterior. Porque a Bush le gusta la guerra y quiere la guerra. Porque quiere demostrar que es capaz de pasar toda la legalidad internacional por el arco de triunfo. Porque le interesa ningunear a la ONU de una forma sangrante. Porque necesita hacerse con un enorme botín para comprar voluntades y coaliciones internacionales hechas a su imagen y semejanza. Porque tiene interés en remover un avispero que le permita desencadenar la serie de conflictos locales que aún necesita para reorganizar el mundo de acuerdo con el supremo interés de la nación americana. Por eso estamos ante la guerra más obscena, fría y calculada de la historia. Una hoguera evitable que se alimenta sin parar. Un conflicto auspiciado por picapleitos que, puestos al servicio del poder, redactan las resoluciones del Consejo de Seguridad de tal forma que sirven para todo y para nada. Una guerra en la que los grandes abusan de los pequeños con soberbia repugnancia. Una guerra que, puestos a ahorrar, se ahorra incluso los clásicos valores del patriotismo y del honor militar. Una masacre que sólo busca poder y beneficio al margen de la paz. Una guerra que Bush, Aznar y Blair manejan a su antojo ante la pasividad criminal de muchos ciudadanos que creen que la sangre se lava mirando hacia otra parte.