La Campos

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

30 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

A MÍ me gusta María Teresa Campos. Vengo del mundo de Iñigo, de la televisión de Iñigo y del concurso Un, dos, tres , y a mí me gusta la Campos, su franqueza de rebajas, de todo a cien. Me encanta lo mucho que se parece a mi madre. Habla para las señoras, sin complejos. Los que somos de cultura matriarcal, ojalá manden ellas en los gobiernos cuanto antes, estamos contentos con mujeres como la Campos. La televisión es el pulpo argentino del jacuzzi, Matías. La tele es Beth y sus medias de colores, el dudoso pelotazo de Ainhoa. La tele es el bigote de Aznar y los ojos claros de Zapatero. La tele son los dientes de conejo de la suerte de Ronaldo, la calva de Zidane, el beso al anillo del gol de Raúl. La tele es la música sudada de Bisbal, el andamio de Bustamante. La tele es la cara de egipcia de Sara Montiel, vamos a contar mentiras, tralalá. Todos ellos son los más populares, según el acertijo de una encuesta. Ellos y María Teresa Campos, la verdulera que siempre quiso ser mi madre y el pudor no le dejó. Sólo Carmen Sevilla en zapatillas trabuca mejor las palabras que María Teresa Campos, la mujer que protege a sus hijas, el cariño catódico. La Campos es la tele de toda la vida sin la estupidez congénita de José Luis Moreno y sus muñecos. cesar.casal@lavoz.es