Para entender a Bush

JOSÉ M. DE AREILZA

OPINIÓN

03 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

EN LA CRISIS de Irak es importante analizar hasta qué punto se está desarmando Sadam Huseín, pero también preguntarse qué está pasando en la política exterior norteamericana. El actual régimen de Bagdag es una dictadura espantosa encabezada por un tirano agresivo -pero no suicida-, que posiblemente puede ser contenido y vigilado por una coalición internacional, hasta que sea derrocado desde dentro. Esto es lo que ha ocurrido en la región desde la guerra del Golfo. ¿Cómo entender entonces la posición cada vez más radical del presidente de Estados Unidos? La nación indispensable , en acertada terminología de Madeleine Albright, atraviesa uno de sus momentos políticos más difíciles desde su fundación en 1783. Los ataques terroristas del 11-S parece que han conseguido uno de sus principales objetivos, hacer disminuir el nivel de libertades y la calidad de la democracia norteamericana. Desde hace un año y medio ha perdido fuerza el vigoroso -aunque elitista- debate público norteamericano sobre temas internacionales. El Partido Demócrata, tras la desaparición de Clinton y de Gore, sufre una falta de liderazgo muy seria, que empieza a ser crisis de identidad. Aprovechando un terreno abonado y la inexperiencia de Bush en política exterior, un pequeño grupo de expertos en temas de defensa han conseguido imponer su agenda anti-iraquí en la Casa Blanca. Este lobby militarista, encabezado por Paul Wolfowitz y Donald Rumsfeld (en este orden) querían una segunda guerra contra Irak desde que terminó la primera, por razones calificadas por ellos de morales , que sin duda son compatibles con otras muy pragmáticas. Es el mismo grupo que ha conseguido que triunfe el incierto proyecto de creación de un sistema de defensa antimisiles. Hay que decir que han hecho muy bien su trabajo: una vez comprobadas las dificultades para luchar contra Al Qaida en Afganistán, han convencido a Bush que el enemigo prioritario es Irak (y no Corea del Norte, Arabia Saudí o Pakistán). Las conexiones de Sadam con la banda de Bin Laden no están claras, pero en este invierno de 2003, triunfará el radicalismo en la Casa Blanca.