Tiempos difíciles

OPINIÓN

03 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

EN TIEMPOS de guerras preventivas la información puede ser cualquier cosa, incluida la mentira. Pero preocupa que el rigor informativo de las instituciones públicas, en la vida cotidiana, sea ya un bien escaso con deterioros progresivos. Porque los gobiernos no cesan de jugar con las noticias y los números hasta encontrar su cara amable, que después muestran o no a la opinión pública. Y no dudan en sumar, restar, ocultar o mentir, si con ello maximizan las oportunidades para reproducirse en el poder. Pero la gente apenas reacciona y dudo que sea por sabiduría acumulada. La presión es excesiva. La alienación denunciada por Carlos Marx parece aquí un juego de niños. Algunos ejemplos ayudarán a entender mejor la situación. Así, la Xunta de Galicia dijo una y otra vez, con voz solemne y grave, que la economía gallega era la que más crecía en los últimos años. O sea, que íbamos como una moto hacia la convergencia final. Los datos se elaboraban en cocina propia y eso daba confianza. Hasta que aparecen otras voces que lo desmienten. El Instituto Nacional de Estadística dice que en el período 1995-2000 crecimos menos que la media española. La fundación FUNCAS de las Cajas de Ahorro afirma que nuestra renta familiar disponible por habitante es ahora el 86% de la media española, cuando hace poco superaba el 90%. También la Comisión Europea nos da un tirón de orejas y dice que somos lentos en eso de la convergencia. O sea, que no avanzamos. Pero no pasa nada. Nunca pasa nada. Como si la doma y castración no tuviera límites temporales. Y es que vivimos en democracias brumosas, confusas, deficientes. Por ejemplo, con respecto al 2002, los presupuestos del Estado tendrán este año menos recursos por tres razones básicas: a) reforma a la baja el IRPF; b) compensación a las corporaciones locales por la reforma a la baja del IAE; c) menor crecimiento económico del previsto cuando se estimaron las cifras presupuestarias. Todo ello supera con creces los 6.000 millones de euros (más de un billón de pesetas). Pero nadie explica qué servicios públicos sufrirán el recorte. Además, están los gastos extraordinarios y los planes maravillosos que trajo el drama del Prestige . Pero el Gobierno insiste que se cumplirá el déficit cero. Debemos ser más imbéciles de lo que pensamos. Pero al menos una cosa está clara. Estas reformas fiscales y presupuestarias no perjudican a los poderosos. Si fuera así, la reacción sería inmediata, visible, ruidosa. Y sólo hay silencio. De manera que perdemos otra vez. Atontados de promesas e ilusiones, claro, pero también progresando adecuadamente hacia los destinos que marca el señor. Y ahora toca la guerra contra Irak.