EL ALCALDE que, barómetro tras barómetro de La Voz de Galicia, ha aparecido como el peor valorado entre los de las siete grandes ciudades, puede repetir en el puesto en mayo, según la macroencuesta de este periódico. Algún día, los líderes del BNG concluirán que Lois Pérez Castrillo es un lastre para ellos en Vigo. Hay más lecturas del trabajo de Sondaxe en lo que se refiere a la primera ciudad de Galicia: todavía está por levantar la tapadera para que sepamos qué hay realmente en la olla electoral. Que el mundo no empieza y acaba en Nunca Máis y todo lo que significa, parece otra evidencia. Ni el Prestige ni la guerra de Irak han sacado de su indecisión, a estas alturas, a un 30,1% de votantes. Si en indecisión Vigo figura a la cabeza de las grandes ciudades, con cinco puntos por encima de la más próxima, en no contesta es la segunda, también con la muy respetable cifra del 14,5%. Quizá ofrezca una pista lo que decía días atrás una activa y leal militante del PP vigués, a quien le apareció por la puerta un encuestador... ¡y le confesó que votaría al Bloque! Intuyo que no son pocos los que atesoran el voto del miedo y no se atreven a decir que están dispuestos a votar al PP. ¡Con lo que está cayendo desde hace más de 100 días, con el Partido Popular como el centro de todas las críticas! Algo semejante ocurrió en su día con el voto oculto del PSOE, cuando estaban a flor de piel los problemas del GAL. El Prestige y la guerra pueden deteriorar al PP, quizá, pero está por ver cuánto. De momento, las víctimas se reparten la tarta en partes desiguales, pero se la reparten. Si seguimos en Vigo, los escaños del PP no se los llevarían BNG y PSOE, que sólo mantendrían su representación. El beneficiario sería un partido independiente o personalista. O lo que es lo mismo: la crisis favorece la desvertebración, como colabora a ello que casi lleguen a triplicarse los votos en blanco. Me temo que en la gestión de la crisis no se han equivocado menos que el PP los partidos de la oposición.