Más sobre el cine español

VIRIATO

OPINIÓN

01 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

LA PÉRDIDA de ocho millones de espectadores en el 2002, el pasar de una cuota de mercado del 18,5% al 13,4% y el que sólo cuatro películas, de más de ochenta estrenadas, superasen el millón de espectadores, no parecen suficientes motivos de alarma para los responsables del cine español, que continúan culpando de la situación a las televisiones («programan mal») y a los espectadores («se tienen que ir adaptando poco a poco»). Para Eduardo Campoy, presidente de la federación de productores (FAPAE); Gerardo Herrero, ex presidente; Andrés Vicente Gómez, responsable de Lola-films, y otros cuantos notables, la falta de talento, la ausencia de buenos guionistas, la escasez de actores, no son la razón de que el espectador deserte en masa de los cines que proyectan películas españolas para cumplir con la cuota obligatoria de pantalla. Insisten en que los espectadores no entienden su cine y que las televisiones no cumplen, como si éstas, que invierten cerca de 120 millones de euros al año por obligación, tuviesen también que convertir en éxito los fracasos de quienes las hacen. Mientras los productores, directores y actores se empeñen en mirar hacia otro lado, nuestro cine seguirá comatoso. Su éxito corre en sentido inverso al enriquecimiento de los que acaparan subvenciones y coeficientes de inversión obligatoria. ¡Un 82,4% de las productoras sólo pusieron en pie una película en el 2002! De todas las declaraciones después de que la Academia de Cine emitiera su informe, el más honesto ha sido Elías Querejeta, para quien esta situación se veía venir porque «ha habido un crecimiento desmesurado que ahora pasa factura. Hay que trabajar con más rigor, más calma y menos oportunismo». De signo contrario han sido las de Herrero («soy partidario de que los trapos sucios se laven en casa... no se debe salir en los medios de comunicación como llorones»). Se olvida de que los más de 200 millones de euros que reciben les obligan a dar cuenta de lo que hacen. Y lo que hacen es, como se puede constatar, un dolor.