El próximo día 23, Hollywood se volverá a vestir de gala para la ceremonia de entrega de los Óscar, que llegan a su 75 edición. La organización teme que la guerra que viene pueda acaparar las intervenciones de agradecimiento de los galardonados.
12 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.A escala mundial El miedo a la guerra planea sobre la ceremonia de los Óscar. No se trata de una gala cuya audiencia se limita a un solo país, como en el caso de los Goya. La entrega de las estatuillas abarca una audiencia potencial de cientos de millones de personas, puesto que se televisa a escala mundial. Esto convierte los Óscar en una tribuna única para expresar opiniones sobre el conflicto. Una escala perfecta Los habitantes de Hollywood han sido, tradicionalmente, de tendencias liberales, como lo son nominados como Meryl Streep o Martín Scorsese. Por eso la ocasión es perfecta para atacar la postura que su país mantiene hacia Irak. Aún no se sabe si la guerra habrá estallado cuando el próximo día 23 se entreguen los premios, que podrían posponerse, pero no se anularán, según la Academia. Intereses económicos En cualquier caso, prometen ser polémicos. Serán los premiados quienes marquen la pauta puesto que el guión de esta gala, difícilmente será tan agresivo contra el Gobierno como el de los Goya. Los intereses económicos que se mueven pesan demasiado como para permitir que el protagonismo de un espectáculo que celebra las grandezas del entertainment se lo arrebate la guerra. La publicidad manda Además, la cadena ABC que retransmite la gala en EE. UU, no podría permitir que sus anunciantes, que han pagado 1.3 millones de dólares por cada anuncio, le reprochasen que sus productos han aparecido junto a alegatos políticos. Es obvio que el guión contendrá referencias al conflicto, puesto que siempre incluye alusiones a la actualidad, pero su tono será sin duda comedido. Maestros de la síntesis La pelota está en el tejado de actores y profesionales, que tendrán que ejercer de maestros de la síntesis para ser capaces de dar las gracias y opinar, si quieren, en los 45 segundos que les concede la Academia. La expectación en Hollywood es inmensa. La fuerza de la palabra volverá a ponerse a prueba en la que promete ser una de las ceremonias más interesantes de sus 75 años de historia.