CUALQUIERA que recorra Galicia percibe -aún sin pretenderlo- cuánto se han transformado nuestras ciudades, nuestras villas, nuestras carreteras. Otra percepción bien distinta es la que se obtiene al detenerse en la visualización del paisaje construido y destruido, en ese feísmo que tiene raíces culturales tan diversas como de difícil corrección. Una tercera percepción surge del contacto con las personas que trabajan en los servicios que el visitante o el viajero utiliza. Entonces los déficits culturales y la mediana profesionalidad asoman también a la vista. Y este comentario que un viejo amigo viajero -atento observador- me transmitía, con un tono analítico y riguroso, me hizo recordar la intervención de hace unos días de otro colega experto que participaba en una mesa que se anunciaba como redonda, pero que por la mentalidad de otro de los oradores más bien parecía cuadrada.El caso es que afirmaba -mi amigo-, después de examinar los datos estadísticos, que la convergencia de Galicia con España y con Europa era muy baja. «Galicia -añadía- sigue estando por debajo de la línea del desarrollo». O lo que es lo mismo, seguimos siendo una región subdesarrollada, por debajo de nuestras posibilidades. Y él -mi amigo- daba su respuesta. «Se ha invertido más en infraestructuras que en recursos humanos, y aunque la dotación inicial de infraestructuras era muy baja y justificaba esa inversión, el resultado nos dice que no debe seguirse ese camino». Por el contrario -continuaba- «la inversión en recursos humanos fue muy baja, de las más bajas de las regiones europeas». Tal vez por eso la convergencia se retrasa, apostillaba. Un atraso -pensaba yo- que ya no puede demorarse más.Después de oírlo, asocié estas conclusiones a las que mi otro amigo -el viajero- obtenía de su percepción. Eran las mismas, la observación visual y el análisis científico coincidían. Y tuve un pensamiento conclusivo preocupante: Galicia se está comportando como un territorio díscolo, un territorio que no hace caso a lo que dice el profesor; en este caso el teórico de la convergencia. Es así un territorio divergente.Por eso no acabamos de alcanzar el aprobado, no logramos traspasar el umbral. Y como cada vez quedamos menos -porque otros sí convergen- nos vamos al pelotón de los torpes. Claro que con la incorporación de las nuevas regiones del Este europeo, pasaremos a ser cabeza de las regiones de desarrollo intermedio.