Silueteada Siria

JOSÉ JAVALOYES

OPINIÓN

14 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

SE LE COMPLICAN las cosas a Siria. Tras del primer y segundo nivel en el Pentágono, Rumsfeld y Wolfowitz, el propio presidente, George W. Bush, ha consumido un turno de advertencias a Damasco. De advertencias, sospechas y acusaciones; una de éstas especialmente grave: la de haber suministrado a Irak electrónica rusa para la perturbación del sistema de guiado de misiles (con o sin intermediación siria, esta tecnología determinó la desviación de los impactos que causaron los mayores estragos en la población civil iraquí). Para más complicar las cosas, esa detención cerca de la frontera de un hermanastro de Sadam Huseín. Y en cuanto acusaciones -sin pruebas ni base, de momento- la de tener armas de destrucción masiva, de plena propiedad o transferidas en depósito por el destruido régimen mesopotámico. A Israel -que comienza a sentirse sustancialmente más seguro- se lo siguen poniendo como a Fernando VII: desarticulada la Prusia árabe , se consolida la expectativa de quedarse para siempre con los altos del Golán. Si algo faltara a las advertencias, acusaciones y amenazas de Bush, Rumsfeld y Wolfowitz, el discurso doctrinal de Richard Perle, enhebrador en una unidad de sentido de casi todo lo que hace la actual Administración norteamericana en el presente conflicto. Sostiene Perle que al terrorismo hay que machacarlo en los Estados que lo acogen, y a Siria se le imputa ahora también tener armas de destrucción masiva...A Damasco se le alinean indeseablemente los astros. Pese al freno británico, la mancha bélica en Oriente Próximo amenaza extenderse cual si fuera de aceite, aunque en este caso el aceite no sería el aceite iraquí, de piedra, sino de oliva, como el que arde en las lámparas de la mezquita damascena de los Omeya. La recuerdo envuelta en el polvo de un bombardeo israelí, una tarde de domingo de octubre de 1973, durante la guerra del Ramadán. Que le valga a Damasco el quite de Londres.