EDUARDO Duhalde, presidente de Argentina y gran adversario político y personal de Carlos Menem, ha conseguido cruzar a Néstor Kirchner, su protegido, en el camino del ex-presidente para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales prevista para el 18 de mayo. La victoria de Kirchner es probable. Pero lo realmente significativo de la primera vuelta reside en el hecho de que se ha convertido en una suerte de primarias dentro del peronismo o justicialismo. Entre los tres candidatos que se reclaman de tal opción superan el 60% de los votos emitidos. El peronismo es un «Estado dentro del Estado» con su derecha, izquierda y centro político. Es decir, para desgracia de Argentina, el peronismo sigue vivo. Pero, ¿qué es el peronismo? La respuesta no es sencilla. Se trata de un fenómeno estrictamente argentino difícil de codificar. Nos podemos aproximar a sus rasgos esenciales si lo consideramos en su origen como un movimiento populista, nacionalista e integrista, influido por los fascismos europeos de los años 30 y con una base social compleja, compuesta, básicamente, por unas clases medias asustadas e importantes núcleos obreros desclasados. En la Argentina de la postguerra mundial Perón construyó una revolución nacionalista que se inspiraba en las fórmulas de la «tercera posición» entre la izquierda y la derecha, entre el capitalismo y el socialismo, que resultaba muy similar al Estado sindical del falangismo español de la época y a la experiencia de Mussolini en Italia. Este populismo, fuertemente enraizado en la sociedad argentina hasta hoy, se ha manifestado en sociedades o clases sociales amenazadas por procesos de modernización social y democratización. A todo ello, añadió Perón el intento de no alineamiento entre los dos bloques que nacían en Yalta y Postdam. De los discursos y las memorias de Perón, y del libro de Evita La Razón de mi vida , editado en Buenos Aires en 1951, se desprenden las notas inconfundibles del peronismo: paternalismo, anticomunismo, denuncias de la oligarquía, nacionalismo, providencialismo, el culto al líder o conductor , y el sindicalismo. A todo ello, hemos de sumar la frontal oposición al sistema de partidos políticos, ya que, como afirmaba su fundador, «el pueblo está casi siempre más representado hoy por sus organizaciones gremiales que por los partidos políticos», conectando con el organicismo social que tanto daño infligió a Europa. Tales organicismos buscan la superación de la democracia liberal sublimada en conceptos tales como nación, pueblo, historia o religión . Tras cincuenta años de historia, el peronismo puede amparar desde grupos de la extrema derecha violenta, hasta tendencias de la ultraizquierda y a una burocracia sindical fuertemente corrompida. Argentina, sufre.