Menem no se equiparará con Perón

| ANXO LUGILDE |

OPINIÓN

14 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

¿Cobardía o dignidad? Si hubiera ganado, Menem sería el segundo argentino en vencer en tres elecciones presidenciales. El primero fue Perón. No lo ha logrado por el enorme rechazo que genera entre amplias capas de la población y la fortísima oposición de su gran rival, el actual presidente, Duhalde. La retirada puede tomarse como un acto de dignidad, pero en el fondo responde a la cobardía ante la derrota. Un alivio para el peronismo La renuncia de Menem supone un alivio para el peronismo, que evita un traumático enfrentamiento fatricida en las urnas. Este peculiar movimiento populista de origen fascista ha superado todo tipo de traumas, desde la matanza de Ezeiza, causada por un tiroteo entre facciones rivales cuando Perón regresaba al país, hasta el despiadado duelo de Menem y Duhalde. Sobresalto institucional Estas elecciones eran extraordinarias, con medio año de adelanto sobre el calendario previsto, debido a la caída de De la Rúa en el 2001 y las dificultades por las que atravesó Eduardo Duhalde el año pasado, hasta que dio con Lavagna, el hombre que enderezó la economía. Pese a todo, la democracia argentina se sobrepone a estos continuos vaivenes institucionales. Kirchner y su jefe Duhalde La gran cuestión a partir de ahora es quién va a gobernar verdaderamente, Néstor Kirchner, el vencedor de las elecciones, o su protector, Eduardo Duhalde, quien abandona la presidencia con un importante capital político. Puede decirse que cogió en enero del 2002 un país que estaba en -100 y parecía hundirse hacia -200. Lo ha dejado en -80, porque la crisis no ha ido a más. Los gallegos y el futuro La derrota de Menem es la mejor noticia desde el punto de vista gallego. En eso coinciden políticos de Galicia de todos los colores. Argentina no regresa a una de sus épocas tenebrosas. Todavía no estaba preparada para el gran cambio, para superar definitivamente el círculo vicioso del peronismo, un movimiento que ha generado una miseria que retroalimenta su poder.