¿NO HABÍAMOS quedado en que arrasando Afganistán acabaríamos con Al Qaida? ¿No nos habían dicho que devastando Irak terminaríamos con el terrorismo? ¿No nos siguen asegurando que necesitábamos apoyar el ataque al pueblo iraquí porque así nos ayudarían a acabar también con los etarras? Los terribles atentados de los últimos días, con decenas de muertos y la irrupción de ETA en la campaña electoral vienen a confirmar lo que los más incautos temíamos. Que con el terrorismo no se acaba devastando, destruyendo y saqueando países. Que con el terrorismo no se acaba levantando campañas de odio. Que la violencia genera violencia. Y que a la agresión se responde siempre con otra agresión. La confusión que han intentado expandir mezclando islam, ETA, Irak, Afganistán, Al Qaida, Bin Laden, terrorismo y guerra, se está viniendo abajo. Han planteado el debate sobre los motivos reales del terrorismo en términos populistas. En lugar de llevarlo al lugar que le corresponde que es el de los intereses de las potencias mundiales. El de las desigualdades y las injusticias. Los ataques a países de Oriente Próximo han conseguido todos los objetivos, excepto los que se proponían. Acabar con la amenaza terrorista. Corremos más riesgos que el primer día. Aunque sigan insistiendo. No pueden estar tan equivocados. Porque ¿no nos estarán mintiendo?