Hollywood

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA

30 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EN Annie Hall , Oscar a la mejor película en 1977, un genial Woody Allen despotricaba contra Hollywood y decía que en Los Ángeles no tiraban la basura a la calle sino que la convertían en programas de televisión. Parecía sólo una frase desproporcionada y divertida, pero en realidad era una lúcida premonición. Un cuarto de siglo después ya no queda ninguna duda sobre la veracidad de su contenido, y quizá uno debiera llorar en vez de reír cuando lo oye (en la película) proclamar con mordacidad que es adicto a la basura. ¿Quién no lo es hoy? Aquel Allen sabía de qué hablaba e intuía con gran precisión la que se nos venía encima. Es verdad que todavía sale alguna gran película de Hollywood, pero apenas las suficientes para justificar la milésima parte de esas horrendas producciones en las que merecen la mejor tajada presupuestaria los creadores de efectos especiales. Una ruidosa nada que se cuenta a toda velocidad en coches con grandes cilindradas y estruendos apocalípticos que nos sobrecogen el alma al tiempo que nos atiborran los tímpanos de futuras sorderas. Los grandes actores, reducidos a intérpretes de estereotipos en acción, han pasado a ser sólo los pretextos de tanta acción mecánica. ¡Qué pena!