Un día es un día

| JUAN CARLOS MARTÍNEZ |

OPINIÓN

EL HECHO de que el medio ambiente tenga un día mundial ya significa algo. ¿Y qué significa? Pues lo mismo que en el caso de los derechos de la mujer y del hambre en el tercer mundo: que tenemos un problema y no somos capaces de resolverlo. El nuevo conselleiro del ramo abría ayer esperanzas al decir que el desarrollo sostenible se defenderá como «política de políticas para que (...) transcenda a cuestión económica...». Ahí está el quid y el coste que hizo fracasar la cumbre de Kioto. Somos todos tan amantes de la naturaleza que los preámbulos de las leyes describen una Arcadia; los legisladores cargan tanto la mano que pobre del paisano a quien pillen vaciando un carro de estiércol junto a un río, porque la multa será del tamaño de una hipoteca. Pero si el vertido es industrial y empresarial, o administrativo (¿quién ha permitido tapar arroyos y regatos con restos de carreteras?), ya hay otros costes, claro, y pérdida de empleo, y de riqueza... Aunque al conselleiro le pese, vamos a tener día del medio ambiente por muchos años.