La doctrina Rumsfeld

OPINIÓN

05 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EN VEZ de desdeñarlo por neoconservador radical y antipático, debería reflexionarse sobre el pensamiento político-militar del jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, por las consecuencias que tiene para el mundo, para el desarrollo de operaciones bélicas y de paso -y de un modo inesperado- para el ejercicio de la profesión periodística. Rumsfeld, que es ciertamente el rostro menos amable de los gerifaltes de la defensa estadounidense, ha impuesto un modelo de guerra rápida caracterizado por la conjunción de una alta tecnología de efectos abrumadores, unas tropas muy especializadas y poco numerosas y una hábil utilización de los periodistas para el mantenimiento de una opinión pública unida, firme y sin fisuras en el apoyo a los suyos. Con frecuencia enfrentado a él, aparece el secretario de Estado Colin Powell, llamado el «Eisenhower negro» desde que, siendo jefe del Estado Mayor, dirigió la guerra de liberación de Kuwait. La colaboración de ambos ha sido percibida muchas veces como lo que es: una confrontación dentro de un orden. Rumsfeld, que cumple 71 años el próximo 9 de julio, reorganizó y reanimó el Pentágono después de la guerra de Vietnam, trabajó con Nixon, Reagan y los dos Bush en la modernización de la defensa y encabezó la posición más belicista contra el terrorismo internacional después de los trágicos atentados del 11 de septiembre de 2000. Partidario de readecuar las fuerzas armadas para librar guerras de menor escala con pequeñas unidades dotadas de alta movilidad y tecnología de vanguardia, no goza de la simpatía de los jefes militares (Powell entre ellos), convencidos de que no es lo mismo ganar guerras que administrar posguerras. Al halcón Rumsfeld le debemos la inclusión de periodistas en las unidades militares. El paloma Powell los prefería lejos, como en la guerra del Golfo de 1991. Paradojas. El halcón quería luz y taquígrafos, seguro de que la opinión pública de EE. UU. era el mejor censor de los medios de comunicación. Y acertó. Su doctrina ganó puntos.