Que el área de Sociedad, Cultura y Religión, tanto en versión confesional como laica, deje de ser una maría no quiebra el consenso constitucional vigente entre todos los partidos desde la transición. El consenso lo quebró el PSOE cuando, al hilo de aquello que dijo Alfonso Guerra (cuando dejemos el Gobierno, a España no la va a conocer ni la madre que la parió), le quitó su carácter académico a este área. Además, la decisión de la ministra viene respalda por el Consejo de Estado y el Consejo Escolar del Estado; es muy serio que se minusvaloren estas altas instituciones, aunque ya estamos comprobando que la regeneración del PSOE no era más que un espejismo, un sueño de una noche de verano. Es falaz que se pregunte cómo se evalúa la fe; dígame usted: ¿cómo evaluamos un comentario de texto? ¿Y una lámina de dibujo artístico? ¿Cómo hacer una prueba objetiva de filosofía? Pero es que, aunque algún profesor de religión todavía se equivoque, este área no es catequesis; se trata de informar de la historia, de las ideas, de los ritos y valores morales que emanan del hecho religioso, no de que el alumno preste una adhesión interior y/o exterior a dichos contenidos, que sí es propio de las labores pastorales. Muy acertada ha estado la federación de enseñanza de USO, cuando afirma que está a favor de que esta asignatura sea evaluable porque supone prestigiar su valor académico especialmente en los momentos actuales, cuando más falta hace la educación en valores. Y es que de esto se trata. Pero es que además se quiere seguir engañando a la gente y hacer demagogia, al negarse a equipararla al resto de las asignaturas porque su currículo y sus profesores son designados por la Conferencia Episcopal: ¡los de la opción confesional católica, pero no los otros, por favor! La regulación anterior sí que era discriminatoria con los alumnos y los profesores, pues mientras unos iban a clase y tenían que estudiar y trabajar, los otros iban al patio, al aula de Internet, etcétera. Si se quiere promover el esfuerzo, no puedes tener asignaturas que no sean evaluables ni computables. Es malo para el alumno y para el profesor que se esfuerza en el aula. El hecho religioso existe; es indispensable conocerlo para comprender el mundo y contribuir a solucionar los complejos problemas que lo azotan. Un último apunte: también hay que exigir que los profesores del área tengan la debida preparación académica, no un simple barniz teológico. ¿Me explico?