NO PODÍA ser de otra manera. A medida que conocemos el desarrollo de los acontecimientos en Irak se confirman las previsiones que alertaban sobre el peligro de que las fuerzas angloamericanas se adentrasen en una larga guerra irregular. La población, unida en torno a los líderes religiosos chiítas y suníes, exige la salida del país de unas fuerzas militares invasoras cuyo fracaso en las tareas de reconstrucción económica y política constituyen una evidencia. La moral de las tropas desciende con la misma intensidad con la que se incrementan los problemas para los gobiernos de Blair y de George W. Bush. ¿Armas? ¿Qué armas? Los amigos de las Azores -Blair, Bush y Aznar-, engañaron a sus respectivas opiniones públicas en relación con las armas de destrucción masiva que estarían en manos de Sadam Huseín y que justificaron la guerra preventiva al margen de las Naciones Unidas. Los Gobiernos de Londres y Washington presionaron a sus servicios de inteligencia para fabricar pruebas falsas e incrementar artificiosamente los peligros que suponía el régimen de Bagdad. La verdad es que se abre una etapa de ocupación del territorio que implica riesgos ineludibles y cuya duración se ignora. La muerte de seis soldados británicos ocurrida el martes en Al Amarah, cerca de la frontera con Irán, ha llenado de preocupación al Gobierno británico. Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de EE. UU., ha reconocido que la situación en Irak es «difícil y peligrosa», lo que requerirá la presencia de 146.000 soldados estadounidenses durante un período de tiempo no menor a cinco años. Ayer hemos conocido oficialmente que España enviará en septiembre un contingente de 1.100 soldados, integrados en la Brigada Plus Ultra, completada con otros 1.300 militares de Honduras, El Salvador, Nicaragua y la República Dominicana. Nuestro Gobierno ha tenido que admitir la decisión de EE. UU. y las fuerzas estarán bajo el mando polaco desplegadas en la parte central de Irak -Al Qasidiya-, que incluye importantes ciudades religiosas como Karbala y Najaz. Teniendo en cuenta la falta de tropa profesional y las rotaciones obligadas de las fuerzas españolas desplegadas en Bosnia, Kosovo y Afganistán, el Estado Mayor de la Defensa (EMAD) está realizando un serio esfuerzo para cumplir la decisión del Gobierno. Además, también existe inquietud por la seguridad de nuestros soldados. La División de Inteligencia del EMAD ha elaborado una memoria en la que se alerta sobre «el alto nivel de riesgo» que correrán nuestras tropas en la zona de despliegue. Es preciso insistir, una vez más, para que el Gobierno informe al Parlamento de las características de la operación y solicite la autorización correspondiente. Veremos.