Fraga, Xesús

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

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22 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

UNA fraga, en galego, es un bosque. Les recomiendo a un autor joven que lleva ese apellido, Xesús Fraga, y que va a ser un bosque de libros. Sus primeros relatos, Tute a catro (Xerais), eran artefactos de alta sensibilidad. Estaban las partidas de las tascas, los metales de las orquestas. Pero su segunda obra, A-Z, es una novela llena de relatos. Es la confirmación de su talento tierno de niño que jamás crecerá, para bien de sus lectores. A-Z es como se llaman las guías de Londres, la aldea de Xesús Tony Fraga. Como hijo de emigrantes, nació allá y sabe muy bien lo que es el microcosmos gallego en la capital londinense. Rivas, con A man dos paíños, tocaba ese mundo. Fraga va mucho más lejos y nos regala 175 páginas de encaje inglés de Camariñas. ¿Qué está a pasar en Dinastía?, preguntan los gallegos que van a ver a sus parientes, mujeres que trabajan de nueve a cinco en hospitales y más allá de las cinco limpiando casas. En el libro queda claro que los gallegos no sabremos si subimos o bajamos las escaleras, pero es evidente que nos partimos el alma fregándolas. El trabajo santo de la emigración está en estas páginas, el ser de ninguna parte y de todas. «O que non o vexa, que vaia ó oculista». cesar.casal@lavoz.es