El separatismo asimétrico

| PEDRO ARIAS |

OPINIÓN

26 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LOS NACIONALISTAS vascos se preparan para el último salto hacia la separación. Pretenden la solución final hacia el maravilloso paraíso de la independencia, la última utopía de las burocracias políticas radicales. Tienen el terreno bien abonado. Durante años han aterrorizado a los opositores que viven en el exilio forzoso o en el exilio interior, con o sin guardaespaldas. Se han dividido las funciones: ETA mata, amenaza, y se financia con la extorsión; mientras el PNV administra el gran botín oficial y desarrolla la estrategia legal de la escisión. Hubo un tiempo lejano en el que apoyamos a los nacionalistas vascos. Entendíamos, aunque no compartíamos, su recurso al terrorismo como una respuesta desesperada a la dictadura. Pero la democracia llegó, con la amnistía y la reconciliación, y el terrorismo no cesó. Ni su utilización mendaz por los políticos en el gobierno autónomo. Y hasta IU se sumó al carro. Incluso nuestra Plataforma Nunca Máis celebró el premio Sabino Arana en medio de los jerarcas del régimen euskaldún. Las instituciones vascas se han convertido en una máquina al servicio de una nueva casta política que desea el poder absoluto sin la más mínima restricción externa. Es el Proyecto Ibarretxe. El documento es la consumación lógica de lo que en versión edulcorada se llama el federalismo asimétrico, invento lingüístico para justificar feudos con múltiples derechos y velocidades. En el fondo solo quieren el separatismo asimétrico, tener su estado particular para lo esencial y no prescindir de lo que queda de España, por si acaso. A estas mentiras hay que responder con un Basta Ya, como la plataforma de los vascos libres, los defensores de las víctimas, los testigos de la responsabilidad. Pero en Galicia no nos enteramos. Fraga lleva tiempo en horas bajas y sus errores, como la escenificación y perfiles de las medallas de Galicia, están dando nuevas alas al nacionalismo gallego que, agazapado, espera el rebufo de Euskadi y Cataluña para acelerar su programa máximo. Y Rajoy a la espera del resultado de la carrera de la sucesión y asistiendo a la caída de su partido , en su propia tierra, por la pendiente del ridículo. En la escena socialista Touriño no sale de la indefinición y pide más autogobierno en su soledad rianxeira. Sus nuevos puntales, Orozco y Pérez Mariño, se quedan en casa haciendo populismo local. Y mientras tanto Francisco Rodríguez, jefatura real del BNG, ve el Plan Ibarretxe como una propuesta «legítima», un modelo interesante para el futuro de Galicia. Beiras no lo desmiente, aspira a lo mismo pero con diferente liderazgo personal. Todos parecen haber perdido la cordura. Estamos viviendo la mayor expansión económica de la historia gallega, la sociedad civil responde, y el gobierno central favorece el desarrollo general de España. Sin embargo emerge de nuevo el nacionalismo independentista para amenazar la cohesión de este desdichado país. Si no reaccionamos a tiempo, volverán los garrotazos fratricidas.