Imaginemos

| JORGE DEL CORRAL |

OPINIÓN

18 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

HAGAMOS UN esfuerzo de imaginación e imaginemos por un momento -es un decir- que en España todo el terreno fuese urbano, excepto aquél que se declarase rústico, de interés paisajístico, parque natural, reserva de la biosfera o de equipamiento urbano. Imaginemos también que de la plusvalía de ese terreno urbano, una vez que se vendiese y pidiese licencia para construir, un 90 por ciento fuese para el Estado y un 10 por ciento para el propietario del suelo, justo al revés que ahora. Imaginemos que con este sistema los ayuntamientos no pudiesen financiarse recalificando terreno y lo mismo ocurriese con los partidos políticos, agrupaciones electorales, listas por la unidad o cualquier otra formación creada para alcanzar el poder y perpetuarse. Imaginemos también que con este sistema no existieran intermediarios, conseguidores, acaparadores de suelo ni especuladores. Y puestos a imaginar, imaginemos que con este sistema nuestras ciudades fuesen menos amuralladas, más extensas, menos verticales, más horizontales y, por ende, nuestro país más poblado, con menos zonas desiertas y, en consecuencia, con distintos servicios públicos en función de la diferente distribución geográfica. Imaginemos también que con este sistema los ayuntamientos de pueblos y ciudades pequeñas no se constituyesen con concejales propietarios de terreno rústico que acceden impúdicamente a la gestión de la ¿cosa pública? para hacer planes urbanísticos en donde se recalifican sus terrenos de rústico a urbano y aquí paz y después descapotable. Imaginemos también que con este sistema el precio de la vivienda no hubiera crecido en los últimos cinco años un 80 por ciento, ni que la hipoteca ocupase el 48 por ciento del salario medio de los españoles, como ahora lo ocupa, según dice el último informe del BBVA, o que los trabajadores que quisieran comprar una vivienda de precio medio no tuvieran que hacer un desembolso del 66 por ciento de su salario neto para un préstamo al 5 por ciento anual a viente años, que puede elevarse al 92 por ciento si el préstamo es a doce años. Imaginemos que con este sistema no se hubiera producido el exitoso culebrón de Madrid y su enjundiosa comisión de investigación en la Asamblea regional, ni el seguidísimo cara a cara Jesús Gil-Julián Muñoz en Salsa rosa y la subsiguiente moción de censura de los catorce concejales justicieros marbellíes que también querían parte en el reparto del ladrillo y tentetieso que se juega con destreza en esas tierras sureñas para gran deleite de los millones de espectadores de los programas del corazón y del balón. Imaginando todo esto, reflexionemos ahora sobre si ésta seguiría siendo España u otra nación distinta. ¿Mejor o peor?