Estorba la ONU

| JOSÉ JAVALOYES |

OPINIÓN

24 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

ERA Vieira de Mello el objetivo central de los terroristas que dinamitaron en Bagdad el hotel Canal. El representante de Kofi Annan en Irak había comparecido en fecha reciente ante el Consejo de Seguridad, para la postulación y defensa de la Administración vicaria que asiste a la autoridad virreinal de Paul Bremer. Sergio Vieira de Mello era el eslabón de enlace entre la situación de hecho vigente -soportada por la ocupación militar- y la que deba definir la transición del país hacia un Gobierno soberano y democrático. Era demasiado lo que representaba el diplomático brasileño. Y, por lo mismo, es demasiado, e inasumible, lo que representa la ONU para el sadamismo residual y para el integrismo islámico de cepa suní: maridados ahora -por virtud de la guerra de Irak- después de medio siglo de guerra entre ellos. Desde el nacionalismo árabe de Nasser y los Hermanos Musulmanes -precedente de Al Qaeda-, integristas islámicos y nacionalistas se han combatido a muerte. La guerra de Irak los ha hecho compañeros de cama. Para su común propósito estorba la ONU. Aparato multinacional y democrático, representa todo lo que este nacional-islamismo odia y aborrece. Expresa la ONU un principio -democrático- de ventilación y transparencia, de responsabilidad y control multilaterales. Por eso también, en cierta medida, estorba a EE.?UU. Sólo a beneficio de inventario quiere Washington a la ONU en Irak: para que coopere en la concertación, no para que concierte la dirección política de la reconstrucción e instalación democrática del país. Vieira de Mello, con sus compañeros, estaba en medio, en el cruce de todos los caminos que llevan a la libertad y al decoro, a la democracia y la soberanía, y a la muerte. La barbarie llega a su cima con la inmolación de los mediadores. La ONU, aun en sus fracasos, más vale cuanto a más estorba.