NI JUDÍOS ni palestinos han demostrado tener la fe necesaria en el entendimiento para que éste se produzca. Los esfuerzos de unos y otros no están yendo más allá del mero propósito de ganar tiempo y desenmascarar al adversario. Sin embargo, es Israel el que ha adoptado una actitud más concluyentemente incompatible con el futuro de paz que promueve la Hoja de Ruta al seguir levantando un muro en Cisjordania que constituye una vergüenza internacional sin paliativos. Un muro que revive y realimenta lo peor del apartheid , por más que eufemísticamente se camufle bajo la denominación de «cinturón de seguridad». Un muro que aísla a muchos palestinos, enajena territorios y probablemente cercena o entierra toda esperanza de paz. ¿Y quién protesta y se alza contra él? Los palestinos. Porque el resto del mundo prefiere no verlo, a condición de que se avance en el cumplimiento de la Hoja de Ruta... Y se podría avanzar. Y se debería avanzar. Pero antes es necesario detener ese muro. ¿O es que todavía no hemos aprendido lo que cuesta derribarlos después de que ya se han levantado? Los grupos terroristas palestinos, convertidos en los mejores aliados del primer ministro israelí, Ariel Sharon, tampoco permiten ver, con sus atentados, la realidad flagrante que significa ese muro. Cada una de sus masacres impulsa el crecimiento de esa serpiente de hormigón que avanza imparablemente y sume en el silencio a la comunidad internacional. Hasta el propio Bush ha condenado ese paredón divisorio y ha pedido que se detenga su construcción. Pero todo ha quedado en palabras, y las palabras, ya se sabe, tardan mucho en detener unas tapias cuyo crecimiento se atiborra de desconfianza y de odio. ¿O es que acaso se puede presentar una prueba más palpable de que Israel no espera nada de la Hoja de Ruta? Creen en ella EE.?UU., Rusia, la ONU, etc., pero no los directamente concernidos. Esta es la tragedia. Y si se le quiere poner un punto final y ofrecer un verdadero horizonte de esperanza, es necesario detener el crecimiento de ese muro y abatir la ominosa parte puesta ya en pie. La solución nunca ha estado en esos murallones de aislamiento y discriminación.