LA INEVITABLE globalización del planeta está cambiando el mundo a marchas forzadas, haciéndolo más pequeño, más cercano, más solidario-insolidario y más uniforme, pero también más inseguro, más peligroso, más incómodo y, quizás, más triste. Los gobiernos están demasiado empeñados en la lucha internacional contra el terrorismo y han descuidado, a juicio del venezolano Moisés Naím, director de la revista estadounidense Foreing Policy , las otras cinco guerras de la globalización que se están perdiendo: el narcotráfico, el contrabando de armas, la inmigración ilegal, la piratería intelectual y el lavado de dinero. El narcotráfico mueve al año, según la ONU, 400.000 millones de dólares -el 8% del comercio mundial-; existen actualmente 80 millones de rifles AK-47 en manos equivocadas; la piratería de programas informáticos alcanza el 40 por ciento en China; el contrabando de personas supone un negocio de 7.000 millones de dólares al año y el blanqueo de dinero representa entre el 2 y el 5 por ciento del PIB mundial. En su intervención en la X Conferencia Anual Francisco Fernández Ordóñez, Naím subrayó que el ansia de beneficios no es un motivo para el crimen y la inseguridad global menos poderoso que el fanatismo religioso, y que las redes criminales se han beneficiado aún más que los Estados de la revolución informática, la interrelación económica y la desaparición de fronteras que ha traído la globalización. El problema está en cómo afrontar estas seis guerras y ganarlas o al menos convertirlas en conflictos de baja intensidad en los que el enemigo pierda terreno en lugar de ganarlo. La solución no será solo con más medidas represivas, sean estas policiales y judiciales - y mucho menos con guerras convencionales-, sino también y principalmente -dice el director de Foreing Policy - «cuando los Gobiernos adopten una noción más flexible de soberanía, refuercen las instituciones multilaterales y, sobre todo, usen incentivos y regulaciones para expulsar del mercado a los indeseables». En definitiva, cuando dejemos de pensar solo en nosotros y de ignorar a los demás. Lo malo es que para llegar a esto se requiere una nueva mentalidad y muchas generaciones. Mientras llegan, nos esperan aún años convulsos.