Mares de Arousa

OPINIÓN

05 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

SI LAS GEOGRAFÍAS propias pueden ser nombradas como Belote, Sesulfe, Escadevas, Acebedo o Santo Alberte, y su fuerza es tal que remontan en el recuerdo a los días de aquellas otras nombradas como Pedroso, Sar, San Marcos, Cornes, Ramírez, sorprende que haya sido necesario descubrir los secretos de los mares de Arousa, ya tarde, muy tarde, para reconstruir aquello abandonado al dejar atrás las pasadas geografías. Mares de barcos con hombres: Lura, Flor da Ría, Mencer, Adrimajo, Domar. Entre ellos siempre el Navaz, un refugio allí en el mar. Barcos con los que hacer la descubierta: Desde Rianxo a Cortegada, desde O Chazo a Cabo de Cruz, desde A Illa a Xidoiros y a Meloxo, y siempre un mar bravo allá en Aguiño y en Castiñeiras. Arousa, mar difícil, acogedor. De sus islas inhabitadas, Rua, Vionta, As Eiroas, Xidoiros, no se vuelve indiferente y solo, te acompañan las velas y el viento del pasado. Desde ellas, con atención, se pueden descubrir las secretas entradas a otros mares, como aquellas buscadas al llegar al alto del Martelo, pasado Urdilde, donde un mar esperado se aparecía en la lejanía del Barbanza entre la Misela y la foz del Tambre, a la sombra del Tremuzo. Reflejo y memoria de otros mares compañeros a lo largo de la vida. Mar habitado. Arousa, desconocido, guardador de secretos, el mar vivo. Reconocido en sucesivas y lentas aproximaciones desde la costa. Hasta un día cualquiera de un noviembre donde, abordado el mar desde el barco, enseñó algunos de los misterios enredados en los más de diez millones de metros de cuerdas habitables que habitan en sus aguas. Cuerdas que recorriéndolas consintieron en llevar junto a aquellas geografías por tiempo olvidadas, observables desde los altos del Bocelo en la Cova da Serpe, alcanzables por tierras de Mariz y pasando por las tierras bajas de la Insua y del Boedo, donde cuentan de una más de las ciudades de la memoria sumergida. Y desde allí, aquellas cuerdas vivas y habitadas, enredadas en misterios y en memoria, permitieron alcanzar al destino, situado, quizá, en Santa María a Nova, tierras de Noia. Vuelta así a los mares que se extienden hasta Monte Louro. Mares que quien pueda observar desde el Tremuzo devolverán un horizonte al alcance del hombre, como lo devuelven los mares de Arousa a quien observa desde A Curota. Alguna vez, de verdad excepcional, estos mares al sur permiten encontrar en la geografía un recorrido a Finisterre. Allí el horizonte devuelve al hombre, « Allí se destruye y vuelve a construirse la esperanza ».