LOS QUE ahora animan a Francia y a Alemania a resistir ante las intenciones estadounidenses de utilizar la ONU serán probablemente los mismos que, en breve, se sentirán decepcionados por la actitud conciliadora y de entendimiento diplomático que se avecina de un modo inevitable. Porque a estas alturas ya no se está discutiendo si hacer o no la guerra en Irak. Todo el mundo sabe que EE. UU. y el Reino Unido, con la colaboración de otros países entre los que se cuenta España, impulsaron y llevaron a cabo una intervención militar sin la adecuada legitimación internacional. Ahora de lo que se trata es de cómo salir del avispero con el mayor acierto posible. Es evidente, por otra parte, que el tiempo juega en contra de Estados Unidos. Mijail Gorbachov, el hombre que lideró la perestroika soviética, acaba de publicar un artículo en La Stampa en el que subraya esta realidad y se muestra convencido de que EE. UU. aceptará negociar las condiciones de la intervención internacional. Pero rechaza de plano la posición de quienes estiman que, si EE. UU. ha provocado todo este lío, ahora debe afrontar en solitario las consecuencias. «Esta postura -escribe Gorbachov- no puede considerarse aceptable. Quien pagaría el pato sería el inocente pueblo iraquí, como ya ocurrió en los once años de embargo que precedieron a la guerra». Desde esta perspectiva, Mijail Gorbachov propone «un compromiso honorable para todos», que debe empezar por restituir a la ONU «su función insustituible de garante de la legalidad internacional y de la interpretación de los derechos humanos». A partir de esta premisa, la diplomacia debe construir el resto. No se trata de ceder a la demanda utilitarista de la Casa Blanca, ahora apremiada por el coste económico y humano de la posguerra, pero tampoco de darle más armas dialécticas al jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, y a sus colegas neoconservadores, que todavía creen que lo mejor es desactivar la ONU y sustituirla por los aliados del imperio. La mejor solución pasa por un compromiso similar al que propone Gorbachov, y es muy difícil de creer que no se esté trabajando ya a fondo para lograrlo. Al tiempo.