Enterrarla

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

12 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

DEFINITIVAMENTE, la ONU ha pasado a mejor vida. Sin paliativos. La organización creada en 1945 con el objetivo principal de regular las relaciones entre países y preservar la paz se ha desmoronado. Y ya no tiene utilidad alguna. Estos días debatimos qué hacer con ella. Pues muy sencillo: un funeral vistoso y enterrarla. Es lo único que nos queda. Hace bien su secretario general Kofi Annan, en decir que la ONU es la mediadora, la hacedora de la paz y el árbitro del mundo. Para eso le pagan. Para defender algo en lo que ni él mismo cree. Confunde los deseos con la realidad. Y, pese a sus desesperados intentos, hoy ya no logra ni la confianza, ni la credibilidad de quienes vemos, día tras día, que la institución es incapaz e incompetente hasta para intermediar en una disputa vecinal. Ha sido una larga trayectoria de fracasos, coronada en los últimos meses, con una actitud pasiva ante uno de los conflictos más incomprensibles que pudieran platearse. La intransigencia y la arrogancia de los países más poderosos es lo que ha llevado a la primera organización mundial al borde de su desaparición. Los cambios en la situación internacional, las decisiones unilaterales de los líderes de las grandes potencias, la falta de respeto a las directrices y la violación de las resoluciones, la han destrozado. Como también el ninguneo y la sumisión. Se ha mentido en su nombre. Y la recuperación, llegados a este punto, se revela ya imposible. La ONU ha dejado de ser un órgano capaz de casi todo. Se ha convertido en una disculpa y en un escudo para la impunidad. Para que nos digan que la presencia bélica española en Irak se basó en sus datos. Para que nos hagan creer que sobre ella va a resurgir la paz. Pero jamás un cadáver volvió a la vida.